miércoles, marzo 08, 2017

Reseña: La cura del bienestar (2016)

Tras llevar un tiempo sepultando en el mundo de las franquicias Disney, Gore Verbinski regresa a proyectos más personales con la muy interesante La cura del bienestar (2016), una de sus películas más atractivas en el apartado visual y, al menos en sus inicios, también una de las más arriesgadas de su director. El conjunto de esta obra termina siendo algo mucho menos inteligente de lo que promete, pero al menos para mí ha sido uno de sus trabajos más disfrutables en muchos años, hasta el punto de que me alegro que durante la mayor parte de su metraje me haya engañado. Mi único consejo aquí es que os dejéis engañar también, porque el viaje realmente vale la pena. 

Tal como se establece desde el principio, la película habla sobre las miserias del mundo moderno y el asfixiante mundo laboral del capitalismo tardío, del que un millonario intenta escapar internándose voluntariamente en un sanatorio apartado en los Alpes suizos. Nuestro protagonista, un joven ejecutivo acorralado por sus ambiciones, es forzado a ir a buscarlo sólo para descubrir que en aquel remoto castillo alejado del mundo moderno hay un secreto mucho más perturbador de lo que parece en un principio. Por supuesto, esto es un thriller gótico en su corazón, algo que Verbinski sabe muy bien porque adorna la historia con una preciosista ambientación de estética medieval y un misterio que involucra pasadizos secretos, antiguas maldiciones familiares y un ambiente de culto malsano que mantiene el interés por la historia en todo momento y definitivamente me atrapó desde el principio.

Reconozco que algo que ayuda mucho en este sentido es que la película participa de un elemento argumental que desde siempre ha sido uno de mis mayores miedos: al igual que en Shutter Island (2010), cinta con la que se le ha comparado en muchas ocasiones de forma un tanto exagerada, el verdadero conflicto comienza cuando el protagonista es retenido en el sanatorio en contra de su voluntad, y la idea de permanecer "prisionero" en un sitio mientras todos dicen que es por tu bien es una idea que siempre he encontrado en extremo terrorífica, especialmente cuando la idea incluye médicos o, como en este caso, una milagrosa cura presente en un agua que supuestamente tiene grandes facultades. Aunque la idea de la que parte no es muy original, Verbinski lo compensa con un ambiente muy logrado y tanto el escenario del castillo como los giros argumentales y los personajes revelan que la verdadera inspiración de esta película no es el thriller moderno sino el horror decimonónico, perfectamente traído a la modernidad y adaptado al contexto actual.

Pero a pesar de su magnífica atmósfera y su ambiciosa (y adulta) estética, pareciera que Verbinski claudica una vez que se va acercando al final. Todo el principio es mucho más elaborado con sus imágenes surrealistas y su estructura narrativa no-lineal, así como la intriga que rodea a la chica que habita el castillo (espectacular Mia Goth, el mayor acierto de casting de la cinta), pero una vez que el misterio se va revelando la película se convierte en algo mucho más convencional que finaliza en una secuencia climática más apropiada a la serie B que Roger Corman hizo con sus adaptaciones de Edgar Allan Poe que a aquella pausada historia que el director nos había mostrado en un principio. Imagino que este desenlace es lo que podría influir de forma negativa en la impresión que muchos tengáis de la película, y aunque me parezca sin duda menos "serio" que lo que había visto hasta ese momento, todo lo que viene antes es tan sobresaliente que le perdono todo. Una gran película sin duda, muy poco habitual hoy en dia y precisamente por ello muy recomendable.