jueves, diciembre 29, 2005

Reseña: Dagon (2001)

Terminando con el panegírico de Fantastic Factory, ha llegado la hora de hablar de Dagon (2001), en mi opinión la película más acertada del ya extinto estudio de Serie B, una historia con la que Stuart Gordon crea una de las más logradas adaptaciones jamás hechas de la obra de H.P. Lovecraft. Si no es más popular, se debe únicamente a que sus valores estéticos (típicos del cine sin presupuesto) tienden a alejar al público más sensible. En cuanto a mí, reconozco mis prejuicios: aparte del hecho de ser un fan más que furibundo de la obra de Lovecraft, tengo la particularidad de perder la cabeza por cualquier historia que trate de monstruos marinos, como esta que tenemos a mano.

A pesar de su título, Dagon está basada realmente en otro cuento de Lovecraft, La sombra sobre Insmouth, la historia de un pueblo costero de Nueva Inglaterra (aunque, para justificar el acento hispano de sus personajes, Gordon traslada la acción a las costas gallegas, cambiando el nombre de la aldea por "Imboca") habitado por una raza de hombres anfibios, gobernados por un culto que adora a Dagon, el Señor de las profundidades, una criatura lovecraftiana con todas las de la ley, perteneciente a la ancestral raza de "los Profundos". A este pueblo llega un día un hombre llamado Paul Marsh (Ezra Godden "disfrazado" de Jeffrey Combs) junto con su esposa y suegros, cuando un naufragio los obliga a enfrentarse cara a cara con los repelentes habitantes de Imboca, con los que Paul guarda una relación desconocida para el momento. Destaca la presencia de la actriz Macarena Gómez como Uxía, suma sacerdotisa del dios marino, y Paco Rabal (en lo que, si no me equivoco, fue su canto de cisne) como el borracho Ezequiel, un hombre cuyo inglés resulta absolutamente ininteligible.

Esta película fue el proyecto acariciado por Stuart Gordon durante casi dos décadas, y a pesar de que, insisto, ciertos elementos puramente estéticos pueden llegar a molestarnos en esta era en la que es costumbre que todo esté perfectamente pulido y esterilizado, uno no puede menos que maravillarse ante el universo lovecraftiano perfectamente ambientado que logra esta película, con la que sólo puede competir, en mi opinión, En la boca de la locura (1995), de John Carpenter.

Como siempre, tratándose de Gordon, el hombre no ha escatimado esfuerzos a la hora de mostrarnos imágenes desagradables y un despliegue de escenas sanguinolentas, hundiéndose progresivamente en los recursos ya no serie B, sino Z. El mendigo siendo desollado de la cara abajo, y la actriz Raquel Meroño colgando en topless como si fuera una res sacrificada al ente marino son cosas que sencillamente no se olvidan. El sentido de humor de Gordon puede que no sea muy lovecraftiano que digamos, pero no puede negarse su fascinación por el material original.

Porque el verdadero protagonista sigue siendo Lovecraft y su peculiar y desquiciado mundo, un universo atrayente lleno de seres espectrales que se ocultan en aquellos rincones de la Tierra donde el hombre es incapaz de llegar. El concepto de terror de este autor americano, en el que aquellos misterios más antiguos que el hombre luchan por volver al mundo que una vez fue suyo es lo que ha cautivado a todos sus lectores, y es precisamente ese ambiente el que ha prevalecido en la cinta de Gordon, un director que entiende como pocos el lugar de donde proviene toda la magia de su autor preferido. La secta de Dagon y el ruinoso pueblo de Imboca, con sus monstruosos habitantes, son dos personajes más, recreados con toda la fidelidad posible. Cuando Paul registra a fondo las calles desoladas de aquel caserío gallego, podemos percibir esa atmósfera de oscura viscosidad a la que Lovecraft nos tiene acostumbrados.

Es una lástima que el distanciamiento generado por su estética haya sido la desgracia mayor de esta película. Quienes logren vencer este distanciamiento, lograrán disfrutar de algo de lo que todo fan del cine de terror se siente gustoso de ver: el estilo inconfundible de un director a quien el tiempo no ha quitado el gusto por sus más antiguos fetiches. Dagon es sin duda lo mejor de Fantastic Factory, y una de las más recomendables de Stuart Gordon, un mítico fiel a su estilo.

A esta película sólo le falta una cosa: ella.

sábado, diciembre 24, 2005

Reseña: Romasanta (2004)

A finales del siglo XIX, en los predios rurales de Galicia, un vendedor ambulante de jabones se convirtió en uno de los primeros asesinos en serie de España (si no el primero), al descubrirse que había sido el responsable de un gran número de cadáveres, a menudo utilizando la grasa de sus víctimas como materia prima para sus productos. Este hombre alegó en su defensa una supuesta condición de licántropo que, si bien nunca fue demostrada, al menos consiguió librarle de la muerte gracias a un indulto concedido por la propia reina. La historia de Manuel Romasanta, el hombre-lobo de Allariz, ha inspirado numerosos libros y artículos, por lo que resultaba obvio que vería la luz en forma de una película. Y es que, en su momento, Romasanta (2004) fue una de las apuestas más ambiciosas de la ya difunta Fantastic Factory, y de todas sus películas, quizás sea la que más se aleja de los preceptos típicos de serie B en busca de "algo más", que lamentablemente no consigue.

El director, Paco Plaza, quien ya se había hecho un hueco con su thriller El segundo nombre (2002), intenta repetir aquí, sin lograrlo, los elementos que hicieron de su debut un acierto ante la crítica: afincarse más en el aspecto psicológico y sutil de la historia en lugar de ceder a los preceptos formales del horror. El resultado, sin embargo, no es el producto "respetable" que buscaba, sino una película que ostenta una grave crisis de identidad, sin un criterio claro, una historia anodina y aburrida que se la pasa saltando desde el típico thriller hasta los vericuetos del period-piece o dramón decimonónico, intercalando los crímenes de Romasanta (interpretado por un Julian Sands que simplemente repite el personaje silente y misterioso que le hemos visto tantas veces) con la historia de una pasión adúltera que mantiene con su cuñada (interpretada por... ella), al mismo tiempo que se concentra en representar un costumbrismo localista que se cae por incoherente: el vestuario de los personajes es demasiado extravagante para tratarse de un ambiente rural gallego, especialmente en el caso de Romasanta, que es representado en el póster con una pinta muy al estilo de The Shadow. Entre este desquicio de temas, Plaza intenta meter con calzador una discusión nimia sobre el conflicto entre ciencia y superstición. Es como si el director hubiese querido hacer algo parecido a Drácula de Bram Stoker (1992) sin decidirse nunca por el camino a seguir.

Como suele suceder en estos casos, el gancho publicitario de "basado en un hecho real" tiene muy poco que ver con la realidad misma, ya que difícilmente lograremos encontrar en esta película un reflejo fiel de los hechos que rodearon la leyenda de Manuel Romasanta. La cinta no funciona como una película de terror (más que nada porque es aburrida), tampoco como una historia de licántropos (sólo hay una transformación en toda la película, y es testimonial), ni como costume-drama, ni como historia de amor (la química entre el Sands y la Pataky es nula) ni como nada. Cuando mucho serán salvables algunas escenas que buscan reflejar el marco de leyenda rural que tiene esta película, planos de los bosques con los que Plaza intenta marearnos para que no nos demos cuenta de que no tiene nada de carne en el asador. Eso y la secuencia de la carreta, que realmente me gustó. En definitiva, una película que quiere parecer más inteligente de lo que es, y eso señores, es un verdadero crimen, y no los del lobo gallego.

jueves, diciembre 22, 2005

Reseña: Beyond Re-Animator (2003)

Ahora que la productora Fantastic Factory es oficialmente historia, creo que es sano aprovechar unos momentos para comentar algunas de sus películas. En mi caso, la primera que vi fue Beyond Re-Animator (2003), tercera parte de la saga iniciada en 1985 por el mítico Stuart Gordon, y que tuvo que venir a España para ver de nuevo la luz. Ignoro si recibió un estreno en los cines españoles, pero puedo asegurar que su distribución en los Estados Unidos fue "directa a vídeo". Es una lástima, porque sin duda que esta tercera parte de las aventuras y desventuras del doctor Herbert West merecía un destino mejor.

La película está dirigida por Brian Yuzna, quien ya había estado al mando de la secuela anterior, Bride of Re-Animator (1990), la cual no había recibido muy buenas críticas. Las expectativas, por lo tanto, estaban bastante bajas, a pesar de que Yuzna ya había demostrado una gran dosis de talento con películas como El regreso de los muertos vivientes 3 (1993) y El dentista (1996), en mi opinión dos obras indispensables de lo que es cine serie B de calidad. Buscando salir hacia un escenario completamente nuevo, Yuzna abre la historia justo en el final de la secuela anterior, cuando uno de los cadáveres reanimados del doctor West irrumpe en la casa del pequeño Howard Phillips, asesinando brutalmente a su hermana mayor, hacia la cual el niño siente un amor fraternal un tanto sospechoso. Por supuesto, el desquiciado doctor West da con sus huesos en la cárcel, y trece años después, el joven Howard, convertido en médico, entra a trabajar en el mismo recinto penitenciario. Pero la sorpresa es que Howard no está buscando venganza... ¡sino la oportunidad de trabajar junto al doctor West en su búsqueda de la cura contra la muerte! Por supuesto, las cosas se salen de control y los muertos vivientes del "reanimador" desatan el caos y la destrucción en medio de un motín penintenciario que nada tiene que envidiar al de Attica.

Beyond Re-Animator resulta una secuela bastante digna, en primer lugar porque sabe mantener aquellos elementos que hicieron de la original un clásico, entre ellos una violencia tan caricaturesca que deriva en pura comedia. Sin embargo, estos detalles sanguinolentos y ridículos no están exentos de cierta carga grotesca y perturbadora, ya que el suero de reanimación del doctor West funciona diferente en cada personaje, a menudo desatando aquellos aspectos más escondidos de su personalidad. El loco tontainas de la prisión se convierte en una bestia llena de traumas de carácter freudiano, el maleante hispano de turno es "reanimado" en la forma de un torso, y mención especial para un Santiago Segura (infaltable en una producción de este tipo) en su papel de drogadicto que por casualidad se inyecta la sustancia equivocada y termina con su cabeza explotando como una piñata, por no hablar de la chica buena convertida, gracias a la magia del líquido verde, en una sadomasoquista de ultratumba experta en la castración por vía dental.

Pero todos sabemos muy bien cual es el plato fuerte: Jeffrey Combs. Este semidios absoluto del género está (una vez más) absolutamente genial como el doctor West, con la fría naturalidad de científico loco que se cree (mejor dicho, que se sabe) superior a todos aquellos que se oponen a sus designios. Definitivamente, la actuación de Combs es el principal atractivo de esta película (y eso que sale, Dios mío, ella).

A pesar de sus limitaciones, y del hecho de que la historia no hace un gran esfuerzo por ofrecer cosas que no hayamos visto en las dos anteriores secuelas, Beyond Re-Animator sigue teniendo gancho. Sus valores de producción resultan bastante correctos (es uno de esos casos en los que una película parece más cara de lo que es) y en mi mente queda archivado como uno de los mejores esfuerzos de Fantastic Factory, lo sucifientemente recomendable para que el doctor West (el Depak Chopra del cine hemoglobítico) se mantenga trabajando un poco más.

miércoles, diciembre 21, 2005

Brevísimo ranking de horror del 2005

Desfasado y rompiendo la delicada estructura de este blog, aquí ofrecemos un brevísimo ranking de lo que (por lo menos aquí) consideramos lo mejorcito que nos ofrecieron las pantallas españolas durante el 2005. Por supuesto, está de más recordaros que esta lista es completamente subjetiva y que este rasgo se resalta más al estar compuesta únicamente de tres títulos. Para sugerencias y discrepancias favor remitirse a la sección de comentarios.

POSICIÓN No. 3

¿Renovación del horror sobrenatural o pieza de propaganda religiosa? Quizás eso no lo podamos resolver aquí, pero lo que sí está claro es que El exorcismo de Emily Rose (reseña aquí) ha sido una de las experiencias más interesantes de este año. La combinación entre el drama de juicios tan típicamente norteamericano con brutales secuencias de exorcismo capaces de alcanzar la fibra más sensible del espectador ha sido, sorprendentemente, una receta ganadora. De una cosa también estoy seguro: nunca volveré a ver las 3 de la madrugada de la misma manera.

POSICIÓN No. 2

La segunda película de Rob Zombie, Los renegados del diablo (reseña aquí) se alza con el segundo puesto y con el privilegio de ser uno de los mejores exponentes de ese nutrido canto a las familias de psicópatas que nos ha brindado el cine de terror. No contento con eso, Zombie consigue con la historia de la familia Firefly algo nada fácil: que el espectador simpatice (hasta cierto punto) con una pandilla de hijos de puta capaces de las mayores crueldades y depravaciones posibles. Con una obra de esta categoría, no es de extrañar que el antiguo vocalista de White Zombie sea considerado uno de los más prometedores artífices del panorama terrorífico actual.

POSICIÓN No. 1

Y hablando de nuevas promesas, el británico Neil Marshall se las trae. Su película The Descent (reseña aquí) es sin duda alguna la pieza de terror del año. Un relato claustrofóbico, visceral y contundente construido a partir de una idea muy básica pero tremendamente efectiva. Explotando los típicos miedos a la oscuridad, a lo desconocido, al canibalismo y a la bestialidad escondida, esta cinta de terror cavernario es lo más brutal de la temporada. Tras su odisea de licántropos contra soldados, Marshall demuestra un estilo que va directamente a la yugular, algo que siempre es de agradecer. Recomendable ciento por ciento.

Hasta aquí el podio. ¿Se me ha escapado alguna? Dejadla en los comentarios y hasta el año que viene.

martes, diciembre 20, 2005

Jo jo jo

Justo a tiempo para las fiestas decembrinas, hoy 20 de diciembre ha salido en Estados Unidos una de las más interesantes propuestas navideñas: la película Santa's Slay (2005), un "directo a vídeo" escrito y dirigido por David Steiman y cuya trama, desde ya, la señala como una firme candidata a convertirse en todo un clásico navideño, al nivel de indiscutibles obras maestras como Silent Night, Deadly Night (1984) o All Through the House (1989), episodio de Tales From the Crypt dirigido por Robert Zemeckis.
Esta nueva película, cuyo traducción literal de "La matanza de Papá Noel" sería sin duda demasiado cutre, no es la primera en ofrecernos una visión sádica del gordito filandés, pero sí es la primera en llevar el concepto hasta el auténtico extremo: Kriss Kringle resulta no ser un santo como todos pensaban, sino un demonio del infierno que, tras perder una batalla con un ángel, es condenado a repartir juguetes y sonrisas durante mil años, siempre en el aniversario del nacimiento de su peor enemigo. Claro está, la historia de la película comienza precisamente el año en que esa condena llega a su fin, con lo que Papá Noel se ve al fin libre de tener que estar "fuera de personaje", y decide que va a buscar de una vez su bien merecida compensación por tener que estar haciendo el pringadillo durante diez siglos. Y válgame Dios si esos repelentes niños no van a recibir lo que se merecen...
Haciendo de Santa (y utilizando desde artes marciales hasta todo tipo de armas grotescas) tenemos a Bill Goldberg, antigua estrella de la lucha libre, y para colmo judío (!), quien dice habérselas pasado de lo lindo masacrando a familias enteras que habían tenido la desgracia de encontrarse con un San Nicolás de mala leche.
Y ahora mi pregunta: ¿para cuando la tendremos aquí? ¡Dios mío, que sea pronto!

lunes, diciembre 19, 2005

Las colinas y Yuzna

Como no tengo nada que postear hoy, les dejo con el primer poster del remake de Las colinas tienen ojos (1977), a estrenarse el año que viene por obra y gracia de su director Alexandre Aja, el mismo de Alta tensión (2003). Creo que será por ese maravilloso tagline, pero a mí esta película me llama la atención y mucho. El mismo Wes Craven está muy emocionado con el proyecto, así que todo parece indicar que al señor Aja le está yendo bastante bien.
El que no parece estar de muy buena estrella es Brian Yuzna, quien hace unas semanas se quedó definitivamente en el paro tras el anuncio por parte de Filmax de no renovar su contrato. Esto quiere decir que, oficialmente, la filial barcelonesa Fantastic Factory ha cerrado sus puertas para siempre y sus miembros han quedado, como dicen aquí, en la puta calle. Al parecer, la decisión de Filmax vendría dada por el rotundo fracaso taquillero (y crítico) de los últimos productos de Yuzna y sus acólitos (entre ellos el "controversial" Jaume Balagueró), que así como un día te sacan maravillas como Dagon (2001) o Beyond Re-Animator (2003), al otro día te vienen con cosas como Romasanta (2004), Rottweiler (2004) o La monja (2005).
A mi juicio, lo mejor de todo fueron las declaraciones de Yuzna a las revistas especializadas americanas. Parece que el señor no debe haber hecho buenas migas con los jefazos de Filmax, ya que para soltar una frase como "bueno, yo ya les he enseñado a hacer películas de género, ahora tendrán que encargarse ellos" hay que tener mucha ira, o mucho morro.
Ustedes dirán. Mientras tanto, aquí están otros posters para la anteriormente citada película.



viernes, diciembre 16, 2005

Reseña: Psicosis (1960)

Hitchcock es, sin duda alguna, el director más plagiado de la historia del cine. Y de todas sus películas, probablemente ninguna haya sido tan reiteradamente manoseada y "homenajeada" como Psicosis (1960), un filme que resulta perfecto ejemplo de aquello de lo que se habla cuando se dice "obra fundacional". Resultaría demasiado largo ofrecer aquí una lista de todas las películas que se han valido de ella, especialmente aquellas pertenecientes al sub-género slasher, del cual la cinta de Hitchcock es claro precursor. Es una de las dos películas de "terror" que aparecen en la sacrosanta lista de las cien mejores películas americanas de la historia, según el American Film Institute (que injusticia), en la que ocupa la casilla 18. A pesar de que el tiempo ha mermado un poco el efecto perturbador que tuvo en su época, sigue siendo una clase magistral de técnica cinematográfica, una obra en la que cada plano es simplemente perfecto.

Pero en su época ciertamente no se le vio así, ya que su producción no se diferenciaba mucho de la de cualquier producto de serie B. De hecho, Psicosis se filmó en los mismos estudios en los que para entonces se realizaba la serie de televisión Alfred Hitchcock presents. Su presupuesto era bastante moderado, y al parecer, el único que creía en el potencial de la película era el propio director, quien compró los derechos de la novela de Robert Bloch (en la que se basa el guión) e incluso adquirió todos los ejemplares que pudo para que así fuera menor la cantidad de gente que conociera el final de la historia.

Hoy en día todos la conocemos: en un arrebato decidido a cambiar de una vez su miserable vida, la rubia fatal Marion Crane roba a su jefe una cantidad considerable de dinero y huye hacia California, deteniéndose a pasar la noche en el apartado motel Bates, donde es atendida por su solitario y aparentemente inofensivo dueño, Norman. El resto ya sin duda lo saben, una historia de travestismo, complejo de Edipo y asesinato en masa.

Resulta difícil de creer para nuestra época que Psicosis haya causado un impacto tan grande en el público de 1960, pero fue así, y por muchos motivos. Lo que a veces se nos escapa es que esta película fue genuinamente innovadora en muchos aspectos, desde detalles tontos (es la primera película donde se tiraba de la cadena de un inodoro) hasta decisiones que cambiaron las costumbres del público (fue una de las películas que rompió con la vieja tradición de las "funciones continuadas", por petición del propio Hitchcock, quien no quería que la gente se enterase de que Janet Leigh, la única estrella del reparto, moría en la primera mitad del filme). Pero sobre todo, dio al público de entonces una carga de perversidad a la que no estaba acostumbrado, una idea del Mal que dejaba de ser caricaturesco o sobrenatural y que pasaba a formar parte de aquello que está más oculto en el hombre: el inconsciente. La cinta de Hitchcock es, sin duda, el primer thriller "adulto" que inspiraba la idea de que el horror podía provenir del corazón de la familia americana.

Durante los 109 minutos de Psicosis estamos constantemente sufriendo una sensación de peligro, agazapados ante la espera de algo terrible. Cuando esto finalmente sucede, en la ya omnipresente e hiperparodiada escena de la ducha con la no menos inolvidable música de Bernard Herrmann, el impacto es brutal. Pero incluso más allá de sus excelencias dramáticas y argumentales, el principal logro de la película es haber logrado instaurar una estética y un modo de hacer cine que domina la industria hollywoodense hasta el día de hoy. Hitchcock, un hombre plenamente consciente del poder de la cámara, pule cada secuencia hasta la perfección. La escena de la ducha, centro nervioso de la película, es un claro ejemplo de eso, con el agua corriendo en remolino hasta el desagüe por donde se escapa la sangre (y la vida) de Marion Crane, hasta aquel largo zoom-out que comienza en el ojo de la víctima y que termina en el montón de dinero olvidado sobre la mesa de noche, mostrándonos que el motivo del crimen no ha sido el afán de lucro, sino los oscuros pasadizos de la locura. Es la irracionalidad del Mal, resumido en la figura afable y hasta ridícula de Norman Bates. Los antiguos enemigos de América se han ido, los facistas de la Segunda Guerra estaban muertos, e incluso los comunistas rusos parecían menos peligrosos que los horrores que podían desatarse en lo profundo del corazón del país. Si este no es el tema principal de todo el cine de terror que vendrá en las décadas posteriores, que alguien me lo diga.

Pero no es esto lo que más impresiona de Psicosis. Su público no salió espantado y horrorizado por su carga erótica ni violenta, ni por las connotaciones sociológicas de su trama, ni siquiera por sus excelentes actuaciones. Si algo queda de esta obra maestra, es que es cine en su estado puro. Sin duda alguna.

miércoles, diciembre 14, 2005

Reseña: The Blob (1988)

Una razón por la que a veces los remakes no funcionan es porque sus realizadores olvidan aquel principio según el cual aquello que funcionó en una época no necesariamente tiene el mismo resultado tiempo después. En este sentido, la clave para que una versión nueva de una película funcione es que la actualización pueda descubrir nuevos filones que la original no había explorado, o en su defecto pueda compensar aquellos fallos de la original a un nivel puramente técnico pero al mismo tiempo manteniendo cierto respeto hacia el material del cual proviene toda la magia. Algo similar sucede con The Blob (1988), versión ochentera del clásico serie B que se hiciera treinta años antes, y que en la actualidad está por ver la luz una tercera vez.

El tono de esta película viene dado desde el principio por su título maravillosamente onomatopéyico. Al igual que la original, la trama trata acerca de una forma de vida gelatinosa que devora toda criatura viviente a su paso y que crece en forma descontrolada a medida que se va cobrando más víctimas. Los orígenes del monstruo nos son desconocidos al principio, de manera que la historia arranca muy pronto con las visiones constantes de esta aformidad color rosa que mata y devora de la manera más brutal posible.

Libre ya del contenido pseudo-político habitual de los años cincuenta, el remake de The Blob se hunde en las raíces de serie B convirtiéndose en un espectáculo grotesco y autoconsciente, aunque no por eso menos disfrutable. Mientras que la original, con un joven Steve McQueen que debutaba en su primer papel protagónico, participaba de aquella filosofía de "tenemos que salvar el mundo porque somos jóvenes americanos", esta nueva versión nos pone de protagonista a un adolescente gamberro e irresponsable (interpretado por Kevin Dillon, hermano de Matt Dillon y, como él, todo un icono homo-erótico) con la típica motocicleta, chaqueta de cuero y melena, un delincuente juvenil que por supuesto encuentra su lado sensible gracias al amor de una jovencita virginal con niño que cuidar y todo. A partir de allí, la película comienza a repasar uno a uno los tópicos del horror típico de auto-cine, incluyendo la ya clásica escena de la pareja en el coche aparcado. Pero donde destaca realmente la cinta es en las muertes, cada una más gráfica e inverosimil que la anterior, no sin cierta dosis de hilaridad (el momento que aparece en la foto, en el que la masa gelatinosa coge a una de sus víctimas y la disuelve hasta pasarla por la tubería de un lavaplatos es realmente antológico).

El director de esta película es Chuck Russell, director de género que actualmente prepara otro remake, el de Piraña (1978), el clásico de Joe Dante. Russell tiene encima toda la carga de una década en la que abundaron los productos casposos de terror, y por eso es que esta versión de The Blob sabe que se enfrenta a toda una tradición de creature features y películas de desastres: memorable resulta la escena en la que el monstruo coge a sus despavoridas víctimas colgado del techo de una sala de cine (!), de cuyo público selecciona su comida como si se tratase de un mostrador de frutas, repitiendo el que sin duda era el mejor gag de la original y que treinta años después seguía teniendo el mismo valor.

Por todo esto nos encontramos ante otro de esos casos en los que un remake puede plantarle cara a la versión original con mucho orgullo. Ahora que estamos a punto de ver una nueva versión, es justificable que se renueve el interés por las anteriores ediciones de los ataques de esta gigantesca bacteria capaz de desatar el Apocalipsis a donde quiera que vaya. En mi opinión se merece mucho más que un vistazo.

lunes, diciembre 12, 2005

Reseña: What Lies Beneath (2000)

Anoche dieron en la tele What Lies Beneath (2000) y no resistí la tentación de hablar de ella hoy. Particularmente, esta película (que cuenta con una larga fila de detractores) siempre me ha fascinado por varios motivos, pero sobre todo por su factura técnica, obra de Robert Zemeckis, a quien siempre he considerado un "Steven Spielberg light", pero a quien no puedo negar grandes momentos. Ahora que Dreamworks ha sido oficialmente vendida a los titanes de Universal, pienso que se puede hacer justicia al hablar de uno de sus productos más exitosos. Porque lo es, sin duda: esta cinta de Zemeckis es la segunda película de terror que más dinero ha recaudado en la historia del cine (no, no voy a decirles cual es la primera, tendrán que averiguarlo ustedes mismos).

El título de la cinta ya hace referencia a aquello que se convierte rápidamente en el tema principal de la trama: los secretos, los detalles siniestros que se esconden bajo la superficie de una vida en apariencia perfecta. Absolutamente todo en la película apoya esta idea, desde el decorado (una casa idílica durante el día pero tenebrosa durante la noche) y un lago de apariencia sosegada pero con unas aguas profundas y oscuras. Los personajes principales tampoco escapan a esto: el matrimonio de Claire y Norman Spencer (interpretados por unos más que correctos Michele Pfeiffer y Harrison Ford) son en apariencia felices e inmaculados, dos seres maduros en la plenitud de la vida, con una hija que acaba de marcharse a la universidad, con un éxito profesional indiscutible (en el caso de él) y una sosegada tranquilidad de ama de casa de clase alta (en el caso de ella). Y sin embargo, cuando Claire comienza esta nueva etapa de su vida, la llegada de una manifestación de otro mundo, que en principio parece ligada a la desordenada y misteriosa conducta de sus vecinos, la empuja a la persecución de un misterio más cercano de lo que ella cree. Bajo la superficie de la cotidianidad se esconde el horror de aquello que se intenta ocultar pero que tarde o temprano se manifiesta en toda su furia.

What Lies Beneath fue una película producida a toda prisa. Zemeckis la rodó toda durante el tiempo que le tomó a Tom Hanks adelgazar para completar el rodaje de Cast Away (2000), estrenada el mismo año. No se nota. Y digo no se nota porque cada elemento de la historia tiene su relación con el tema que se intenta explorar. Es imposible dar ejemplos sin arruinar en cierta medida la trama, pero todo aquel que la vea debería prestar atención a ciertos detalles como el lago o el nombre de la pequeña tienda que Claire visita en el pueblo de Adamant. En este sentido, la importancia de los secretos es tan vital en la película de Zemeckis que el mayor error (a mi parecer) de la película proviene de su proceso publicitario, especialmente con un avance y un tagline que arruinan casi por completo la experiencia (el avance es especialmente nocivo, toda persona debería abstenerse de verlo). En cuanto a la factura técnica, Zemeckis agota prácticamente todas las referencias a Hitchcock que puede haber, desde varios planos hasta la música, e incluso el nombre de un personaje que tiene mucho que ver con su desenvolvimiento final. Y es que precisamente, una de las cosas que este director ha repetido hasta el cansacio es su deseo con What Lies Beneath de hacer la película que Hitchcock hubiese hecho de haber contado con los medios digitales tan comunes hoy en día.

Si lo logró o no, eso ya corresponde juzgarlo a cada quien, pero para mí esta película resulta todo un disfrute, con sustos que a veces son fáciles (un teléfono que suena de repente) y a veces no (cierta escena con una Michele Pfeiffer convertida en tentadora femme fatale, manzana y todo, me parece absolutamente genial). A mi juicio recomendable sin duda.

viernes, diciembre 09, 2005

Míticos: Steve Miner (1951 - )

Injustamente olvidado en nuestra época, Steve Miner es uno de los muchos directores de horror que vieron florecer su carrera durante la década de los ochenta, pero a diferencia de la mayoría, supo combinar un interesante estilo personal con un conocimiento objetivo del género lo suficientemente amplio como para resucitar el material de otros creadores. Su filmografía no se limita al horror, ya que ha probado suerte literalmente en todo, y a pesar de que la llegada de la década de los noventa prácticamente lo desterró a los terrenos de la televisión, los nuevos proyectos en los que se ha embarcado parece ser que su regreso está más que asegurado. A lo mejor es la parte nostálgica de mí la que pide esto, ya que las películas de este cineasta ocuparon muchas horas de mi niñez.
Steve Miner comenzó su carrera a las órdenes de otros dos míticos del cine de horror: Wes Craven y Sean S. Cunningham, quienes a principios de los 70 luchaban por sacar adelante su proyecto personal que les colocaría en la mira de aquel sub-género de "violación-asesinato-venganza": La última casa a la izquierda (1972). Miner trabajó como asistente de dirección, y la experiencia sirvió para que Cunningham solicitara sus servicios varios años más tarde, específicamente como productor asociado para Viernes 13 (1980). No hace falta decir que la película resultó un éxito colosal, y Steve finalmente obtuvo su primer trabajo como director a cargo de la secuela. Efectivamente, Viernes 13 parte II (1981), su ópera prima, le dio el honor de ser el hombre que por primera vez dirigiera a esa máquina de matar llamada Jason Vorhees. Privilegio similar tendría al año siguiente, cuando dirigiera Viernes 13 parte III (1982) y colocara al asesino de Crystal Lake la máscara de hockey que le acompañaría por el resto de su vida. Miner realizó esta película en 3-D, en el mejor estilo de auto-cine, y aunque no resultó un éxito tan colosal como las dos anteriores, sí consiguió que la industria se fijara en él como realizador.
En 1983, Steve Miner propuso a los estudios realizar una versión americana de Godzilla, e incluso consiguió que los estudios Toho en Japón aceptaran el proyecto. A pesar de eso, su visión del monstruo resultó demasiado ambiciosa para la época, y el presupuesto de 30 millones de dólares que lanzó sobre la mesa espantó a los estudios. Por fortuna, pocos años después realizaría una de sus mejores películas, la comedia de horror House (1986), que se convirtió rápidamente en un film de culto. El éxito estaba prácticamente asegurado para Miner, que pasó al género de la comedia y a realizar varios trabajos para la televisión. Pocos años después regresaría a los vericuetos del horror con Warlock (1989), la película que supueso el descubrimiento en serie B del actor británico Julian Sands, cuya presencia prácticamente acapara la película.

La década de los 90, transcurría sin mucha gloria para este director, ya que sus siguientes intentos de cambiar de género no resultaron tan exitosos. Desde la melodramática Forever Young (1992) con Mel Gibson hasta la comedia del dúo Rick Moranis/Tom Arnold Bully (1996), algo parecía decirle a Steve Miner que no estaba en su sitio. Mientras tanto cubría su cheque alimenticio trabajando como director en numerosas series de televisión. En este sentido llevó su estilo a prácticamente todo cuanto saliera por la tele, desde Chicago Hope y The Practice hasta Dawson's Creek y Felicity, en un caso de auténtica esquizofrenia creativa.

Por aquellos días, el éxito de Kevin Williamson hizo que los estudios pusieran sus ojos nuevamente en el género del terror, y ya que Dimension Films estaba en la cresta de la ola, se pensó en Miner para resucitar la franquicia de Michael Myers. Fue así como nuestro amigo fue contratado para dirigir la séptima entrega de la saga: Halloween H20 (1998). Sabiendo perfectamente a aquello a lo que se enfrentaba, Steve Miner tomó la sabia decisión de ignorar completamente todas aquellas secuelas que habían sido realizadas después de la segunda parte, y retomar la historia como si las entregas 3, 4, 5 y 6 nunca hubiesen sucedido. Fue así como la séptima parte nos llevó al reencuentro entre el slasher Michael Myers y su hermana Laurie veinte años después, cuando ella pensaba que se había librado para siempre de su perseguidor. En un toque magistral de ironía y auto-cita, Steve Miner sitúa la historia en un campamento de adolescentes que Laurie (interpretada nuevamente por Jamie Lee Curtis) administra junto a su hijo. La película resultó exitosa, y permitió a su director embarcarse en otro proyecto, Lake Placid (1999), remake de una olvidada película de monstruos acerca de un cocodrilo gigante que aterroriza un destino turístico.

Actualmente Steve Miner ha vuelto a caer en los terrenos de la televisión, dirigiendo episodios de Smalville o Jake 2.0. Sin embargo, ya prepara sus dos nuevos proyectos para el futuro, y que podrían significar su regreso a la palestra: The After Killer (2006) y El día de los muertos (2007), la nueva versión del clásico de George Romero. ¿Cómo es posible que lo hayan olvidado para la serie Masters of Horror? La respuesta a esto se me escapa. En todo caso, algún día aprenderán.

viernes, diciembre 02, 2005

El pulso americano

Antes de irme de viaje por el puente, les dejo aquí con el trailer de Pulse (2006), cortesía de Rorro. Para los que no lo saben, Pulse es el más reciente remake de la interminable fila de películas de terror asiáticas que han literalmente tomado por asalto los cines occidentales. No he visto la original, dirigida por Kiyoshi Kurosawa en 2001, pero las opiniones que he recibido de ella son muy buenas (Rottentomatoes le da un "fresh" como una casa: 76%).
A juzgar por el trailer, Pulse parece un proyecto bastante ambicioso, si bien el reparto es de lo peor (la mayoría de los actores son los típicos adolescentes del canal WB, muchos de ellos ya fracasados anteriormente en su paso a la gran pantalla). La cosa se agrava, además, cuando tenemos en consideración el hecho de que su productora, Dimension Films (una filial de Miramax dedicada casi en exclusiva al cine de género) no destaca precisamente por la brillantez de sus productos. Nótese que uso palabra "productos" en lugar de "producciones", algo completamente intencional.
Yo diría, además, que tiene imágenes interesantes, pero me entero de otra cosa que me pone los pelos de punta: el trailer americano utiliza descaradamente imágenes de la cinta original. Por ejemplo, esa toma del avión estrellándose es de la japonesa, y no se sabe si aparecerá en esta nueva versión, especialmente dada la sensibilidad de los americanos con todo aquello que muestre un avión fuera de curso.
Y entonces, ¿por qué me llama la atención Pulse? Supongo que por un caso extremo de masoquismo. Si quieren pueden revisar ustedes mismos el sitio web oficial aquí.
Feliz puente.

miércoles, noviembre 30, 2005

Reseña: Alta tensión (2003)

En los últimos años hemos tenido varios casos de lo que significa el revival del estilo de cine de terror que marcó la década de los 70. Directores como Rob Zombie o Eli Roth han dedicado sus respectivos estrenos a explorar ese género que marcó una década y que se caracterizaba por una violencia extrema, a menudo de ambiente rural. Ni hablar de los ya comunes remakes que han ocupado las carteleras. Por todo esto, ¿quién iba a pensar que sería un francés el que nos trajera lo que es sin duda uno de los mejores homenajes a este estilo cinematográfico? Porque es eso precisamente lo que el galo Alexandre Aja nos ha dado con Alta tensión (2003), su particular gorefest que nos llegó con retraso pero que está destinado a alcanzar status de culto, una película con poco diálogo que resulta todo un canto a la brutalidad hecho prácticamente a la medida de todo aquel que se considere un seguidor del cine de género.

La historia habla de Marie y Alexa, dos estudiantes universitarias que deciden pasar un fin de semana de retiro en la casa rural de los padres de ésta, donde esperan encontrar la paz necesaria para su maratónica jornada de estudios. Precisamente eso es lo que no van a tener, porque en mitad de la noche aparece un misterioso asesino al volante de una furgoneta que, tras desatar una auténtica carnicería con la familia de Alexa, rapta a la chica y se la lleva con paradero desconocido. Marie, que ha logrado pasar desapercibida a los ojos del criminal, debe ahora seguirlo e intentar rescatar a su amiga sin convertirse ella en la próxima víctima. A partir de aquí comienza un juego de persecuciones que sólo puede terminar en una orgía de sangre, cosa que esta película tiene en abundancia.

Decir que Alta tensión es violenta sería no hacerle justicia, incluso para los estándares de hoy en día. Porque después de todo, ¿qué otra película actual nos ofrece un opening como este, en el que tenemos desde un hombre masturbándose con una cabeza decapitada hasta multiples desmembramientos, cada uno más gráfico y grotesco que el otro? ¿Qué otra película es capaz de retomar los mejores elementos de las primeras joyas de Tobe Hooper y Wes Craven y volcarlos sobre nuestras cabezas? ¿Qué otra cinta actual es capaz de poner todas sus apuestas a la insoportable tensión (nunca mejor dicho) que mantiene la persecución de Marie hacia el asesino que, de manera inexplicable, ha entrado forzosamente en su vida? Mención especial para la secuencia en la que la chica debe pasar inadvertida por el matón en una gasolinera a la vez que intenta pedir ayuda. Sin desperdicio.

Ahora, el punto polémico de esta película es, sin duda alguna, el final. Porque Alta tensión requiere, como pocas cintas, una suspensión de la incredulidad a toda prueba. La "sorpresa" que nos ofrece el clímax de la historia puede dejar a más de uno con una expresión de seño fruncido capaz de impresionar al más pintado. Si analizamos la película desde el punto de vista de un espectador, el final no tiene sentido. Si la analizamos desde el punto de vista de los personajes, entonces tiene algo de sentido, aunque deja algunas variables en el aire. En lo particular, reconozco que necesité ver la película dos veces para poder aceptarlo por completo. Quizás sea este el único punto débil de la película. Pero por todo el resto, la cinta de Alexandre Aja merece la pena para cualquier fan de los excesos sanguinolentos, y estos no quedarán decepcionados. En cuanto al director francés, en sus manos ha quedado el rodaje del remake de Las colinas tienen ojos (1977), película que le viene como anillo al dedo después de esta. Lo estaremos esperando.

lunes, noviembre 28, 2005

Reseña: El exorcismo de Emily Rose (2005)

El problema quizá se encuentre en la fase de promoción, ya que a juzgar por los avances y el material publicitario en general, El exorcismo de Emily Rose (2005) se vendía como una película de terror con todas las de la ley, si bien resulta algo muy diferente. A estas alturas ya muchos sabrán que se trata en realidad de un atípico thriller de juicios al estilo de John Grisham, sólo que esta vez acerca de un tema de carácter sobrenatural inspirado en una historia real que ocurrió en Alemania durante los años 70, en la que un sacerdote católico fue enjuiciado por supuestamente causar la muerte de una muchacha durante un exorcismo destinado a expulsar a los demonios que destruían su cuerpo. Para mí, en lo particular, esta película ha resultado toda una sorpresa especialmente por el hombre detrás de las cámaras: Scott Derrickson, fallido guionista que ya llevaba dos strikes en su haber: Urban Legends: Final Cut (2000) y Hellraiser V: Inferno (2000), la cual también dirigió.

La verdad es que la nueva cinta de Derrickson resulta tremendamente interesante, más allá de sus ambivalencias de género. Desde el principio, su director toma la sabia decisión de no intentar siquiera superar a esa obra maestra que es El exorcista (1973) de William Friedkin, la película con la que inevitablemente surgen comparaciones. En realidad, se trata de dos cosas muy distintas. A diferencia de la película de Friedkin, la historia de Emily Rose no busca explorar el tema de la eterna lucha entre el Bien y el Mal, sino más bien la no menos eterna disputa entre la Ciencia y la Fe, representada en la figura del juicio y el "pulso" entre los dos abogados, uno creyente y otro agnóstico, cada uno de ellos obligado a defender la postura contraria a su forma de vida. Y es que es la duda el elemento que da cohesión a la película, la imposibilidad por parte del hombre de desechar por completo aquellos aspectos de la vida que no puede explicar. Nosotros, como espectadores, también quedamos desconcertados porque el enigma no se cierra por completo (al menos creo que es así): ¿estaba Emily Rose realmente poseida o sufría un cuadro de epilepsia psicótica? No lo sabemos. No podemos saberlo.

Las escenas del exorcismo y todo lo que tiene que ver con la posesión de Emily son, sin duda, aquellas que harán las delicias de los aficionados del género. Mención especial aquí para la tremenda actuación de Jennifer Carpenter, que interpreta a Emily con una ferocidad que se desborda en la pantalla. Sus escenas (narradas a través del recurso del flashback) son sin duda lo mejor de la cinta, y creo que hasta el más escéptico puede no sentirse igual que antes al ver un reloj que marca las 3 de la madrugada. Pronto volveremos a ver a la señorita Carpenter en Roman (2006), la película dirigida por Angela Bettis.

Algunos sectores en Estados Unidos han criticado la película afirmando que es una pieza de propaganda cristiana. Yo, personalmente, no creo que sea así. Es cierto que ofrece una visión positiva de la religión (especialmente del sacerdote protagonista) pero aún así me parece una opinión arriesgada. En todo caso, es la duda lo que defiende El exorcismo de Emily Rose, así que harán bien en no buscar presencias demoníacas explícitas en esta película. Creo, sin embargo, que estamos aquí ante una de las experiencias más interesantes del año. Al menos, así lo considero.

sábado, noviembre 26, 2005

Reseña: Drácula 2000 (2000)

Actualización del mito del Conde de Transilvania, Drácula 2000 (2000), es una de las películas que ostenta el dudoso “sello de calidad” Wes Craven presents, y no es para menos considerando que está dirigida por Patrick Lussier, quien fuera un habitual editor a las órdenes del creador de Freddy Krueger. El resultado es una película paradójica (a falta de un mejor término), ya que guarda un debido respeto al material original y al mismo tiempo termina descalabrándolo por completo en busca de algo nuevo. Sin embargo, al final, se trata de una película banal y predecible aderezada con algún que otro detalle interesante.

Uno de esos puntos de interés es su premisa: tras incontables intentos de acabar con Drácula, el doctor Van Helsing decide encerrar al rey de los vampiros en un ataúd y mantenerlo prisionero, mientras trata de descubrir la manera de acabar con él definitivamente. Para asegurarse de que estará allí cuando su archienemigo sea despachado, el buen doctor ha tenido que mantenerse con vida inyectándose pequeñas dosis de la sangre del vampiro, obteniendo así un envejecimiento extremadamente lento. Una noche, unos ladrones asaltan su tienda de antigüedades y roban el ataúd, en la creencia de que un artefacto con un despliegue similar de seguridad tiene por fuerza que valer mucho dinero. No hace falta mencionar que el conde escapa y comienza a dejar un rastro de sangre (y criaturas de la noche) a su paso. Ahora el doctor Van Helsing debe reclutar la ayuda de su joven aprendiz y dar caza al monstruo mientras éste se dirige a Nueva Orleáns, donde vive la hija de su Némesis, con la que está estrechamente relacionado.

Drácula 2000 vino después de Blade (1998), por lo tanto es fácil justificar que al tema de los vampiros se haya unido el de la acción, comenzando por los ingeniosos artilugios diseño del famoso caza–vampiros, juguetes que serán aprovechados por Simon, su joven empleado de anticuario que sin quererlo termina convertido en su aprendiz (y evidentemente en su yerno). Todo esto se va compaginando con la búsqueda documental de los orígenes de Drácula, llegando a una conclusión realmente arriesgada que por supuesto no voy a mencionar aquí por no estropearles precisamente el detalle más interesante de la película.

Otro detalle significativo es que la cinta busca recrear la historia de Bram Stoker de una forma bastante cercana, sólo que adaptándola a los tiempos actuales. No es casualidad que Drácula llegue a la ciudad en un avión en el que han muerto todos sus tripulantes (evidente actualización del barco “Demeter” que aparecía en la novela), ni que a lo largo de su odisea se procure la ayuda de tres despampanantes damiselas, una de las cuales se llama precisamente Lucy. Alguna que otra imagen también vale la pena, destacando la escena en que Drácula seduce y mata a la ya mentada muchacha, o el momento en el que el doctor Van Helsing se enfrenta a las tres novias del vampiro en una escena con fuertes toques oníricos.

No hay casi nada más, sin embargo, ya que la película se pierde en su propia trama de acción, incluyendo unos risibles momentos de artes marciales. Aún así, a pesar de que el resultado final sea bastante deficiente, merece por lo menos un alquiler para echar un vistazo a los interesantes detalles que de vez en cuando puede escupir esta fallida película.

jueves, noviembre 24, 2005

Psicópatas a granel

Hay que dar gracias a Comingsoon.net por la información acerca de La matanza de Texas: el comienzo (2006), precuela del ya conocido remake de hace un par de años. En la página pueden ver ya la primera foto, que confirma la presencia del señor R. Lee Ermey en el reparto. Esperemos solamente que este primer episodio resulte mejor que la ya nombrada película, la cual (para variar) no destrozaré por acá.
Y hablando de destrozar, cada vez son más los rumores acerca de la tercera parte de I Know What You Did Last Summer (1997), que lleva el curioso título de I'll Always Know What You Did Last Summer. Nada se sabe acerca de si Jennifer Love Hewitt protagonizará esta tercera entrega, o en todo caso, si se decidirá por fin a mostrar sus encantos físicos en pantalla. Esperemos que sí. También son varios los rumores acerca de la cuarta parte de Scream (1996), aunque ya es casi seguro que Neve Campbell no va a participar, por lo que no me sorprendería que se tratase de uno de esos títulos destinados a ir directamente a las estanterías de un video club.
Por último, siguiendo con esta moda de asesinos, Dark Horizons nos muestra las primeras fotos de la película Young Hannibal (2006), que narra la etapa de formación del famoso doctor Lecter. Este producto, a juzgar por sus imágenes, parece estar mucho más orientado hacia el típico slasher adolescente (además de ser la primera película sobre el doctor que no está basada en la obra de Thomas Harris), aunque siempre puede resultar interesante como placer culpable.
De esos precisamente está llena mi vida.

lunes, noviembre 21, 2005

Tamara me votaría...

Imagino que no tendremos el placer de verla estrenada por acá, pero Tamara (2005) parece ser una de las apuestas más curiosas del "cine-serie-B-con-pretensiones-de-A-pero-que-en-realidad-es-C". La película, muy al estilo de esa obra maestra del porno/terror llamada Species (1997), está dirigida por un desconocido Jeremy Haft con guión de Jeffrey Reddick, el mismo que se hiciera rico escribiendo las dos partes de la saga de Final Destination (2000), con una tercera parte a punto de estrenarse. Esta nueva película (pulsar aquí para la web oficial) me ha llamado la atención después de pasar mis ojos por esta entretenida sinopsis, la cual transcribo literalmente sin traducirla por miedo a que pierda su fuerza paródica:
"Tamara, an awkward and unpopular teen whose life is taken after she is the victim of a vicious prank. When Tamara comes back from the dead, she is reborn as a seductive, mind-controlling vixen hellbent on revenge".
Y la verdad, es que habría que subrayar la palabra "vixen", porque definitivamente aquello en lo que se convierte Tamara no tiene nada que ver con los muertos vivientes de George Romero (para muestra un botón).
Y por cierto, ya se habrán dado cuenta de mi participación en los Atina Chile Blog Awards. Su voto será bastante agradecido, sobre todo teniendo en cuenta el coñazo que representa tener que inscribirse únicamente para estampar nuestra preferencia por un amigo. Si gano, prometo recordarlos en mi momento triunfal. Hasta entonces, muchos saludos.

viernes, noviembre 18, 2005

Reseña: Ginger Snaps 2: Unleashed (2004)

La primera película de Ginger Snaps (2000), a pesar de no obtener una gran distribución en los cines, se convirtió rápidamente en una cinta de culto, y le dio al género exactamente lo que necesitaba: un respiro de alivio. Cuatro años después, una secuela y una precuela fueron estrenadas con apenas meses de distancia, aunque por desgracia ambas estuvieron destinadas al mercado de las películas “directo a vídeo”. Esto una lástima especialmente en el caso de la secuela, Ginger Snaps 2: Unleashed (2004), uno de esos raros casos en los que una película buena puede tener una segunda parte digna de mención.

Unleashed comienza poco después del final de la primera película: tras verse forzada a matar a su hermana, Brigitte Fitzgerald (Emily Perkins, repitiendo su papel de la película anterior y llevando esta vez TODO el peso de la película sobre sus hombros) huye del tranquilo suburbio de Bailey Downs y se dirige a la gran ciudad. Sobre su espalda pesan dos grandes problemas: en primer lugar, la supuesta “cura” hallada en la primera película ha probado ser insuficiente para eliminar en forma definitiva la maldición que ahora corre por sus venas, por lo que se ha visto obligada a inyectarse con cierta periodicidad para evitar convertirse en licántropo. Por si eso fuera poco, el chico contagiado por su hermana (y que ella creyó haber curado) ahora es un hombre–lobo con todas las de la ley, y no para de darle caza. La situación se complica cuando Brigitte cae enferma y se desmaya en plena calle, siendo llevada a una clínica de rehabilitación de chicos drogadictos (por culpa de la sustancia encontrada en su posesión y que los médicos confunden con un psicotrópico). Brigitte sabe que tiene que escapar antes de que su transformación se lleve a cabo, y para ello cuenta con la ayuda de la única persona que cree en su historia, una niña llamada “Ghost”, que también guarda un secreto propio.

La película está dividida en dos partes muy marcadas: en la primera, Brigitte maquina la forma de escapar de la clínica de rehabilitación, donde sospecha que poco a poco está perdiendo la cordura (su lenta transformación viene acompañada de constantes alucinaciones, algunas de ellas con su difunta hermana). Toda esta primera mitad puede ser resumida (como bien han dicho muchos) en “Girl Interrumpted con un toque de hombres–lobo”. En esta parte el elemento sobrenatural es mínimo (aunque ciertamente está presente), centrándose más en los afectos, odios y tensiones de un ambiente poblado de “chicas con problemas”: una auténtica jauría humana de la que Brigitte debe escapar a como de lugar. La segunda parte, una vez que ella y Ghost consiguen huir, transcurre en la cabaña de la extraña chica, un sitio apartado de la civilización donde Brigitte deberá enfrentarse a la bestia que le ha perseguido desde que abandonara los tranquilos suburbios que eran su hogar. Es aquí donde la película cobra toda su fuerza, llevándonos de regreso a la bestialidad con la que se nos presentaba la historia original. El gore y la violencia no se hacen esperar, y todo remata con un clímax final que no puede dejar a nadie indiferente. No voy a adelantarlo, pero diré que en mi opinión, este desenlace resulta perfecto, pues resume toda esa tierna malevolencia que hacía especial la primera película de esta saga.

Ginger Snaps 2: Unleashed no resulta tan grandiosa como la original, pero es sin duda una digna secuela que se atreve a explorar nuevos caminos a la historia de la que se ha generado. Es una lástima, sin embargo, que la tercera parte haya decidido no continuar por estos derroteros, porque realmente me quedé esperando más de este filón. En todo caso, desde ya les digo que me asombra la gran diferencia actoral que veo en Emily Perkins entre estas dos películas. Espero que podamos verla en otras piezas de género muy pronto.

miércoles, noviembre 16, 2005

Reseña: Toolbox Murders (2004)

Si el sueño de la razón produce monstruos, la muerte de los sueños también. Es ése el mensaje que parece esconderse debajo de la gruesa piel de género de Toolbox Murders (2004), remake con el que Tobe Hooper marca su esperado (al menos por mí) regreso a la pantalla. Pero aparte del título, y del hecho de que el asesino utiliza una variedad de herramientas para cometer sus crímenes, no hay prácticamente ninguna semejanza entre esta versión y la original de 1978. Se trata de una historia completamente independiente, que a través de un ambiente (en mi opinión) fabuloso, casi logra vencer por completo sus limitaciones de guión, que luchan por situarla dentro del más puro estilo slasher.

La clave para entender Toolbox Murders se ofrece apenas comienza, cuando surge ante nosotros una “advertencia” acerca de la ciudad de Hollywood y la gente que sencillamente desaparece en ella, presa de la ilusión del estrellato y condenada a un rotundo fracaso. Y es precisamente un grupo de fracasados lo que vive en el edificio Lusman Arms, antigua gloria de la ciudad. Lo que antes fue un lujoso lugar frecuentado por estrellas ahora es una ruina que prácticamente vive en obras, causando numerosos problemas a los ya de por sí patéticos vecinos, desde el risible aspirante a actor que no puede ni siquiera aprenderse un guión hasta la ex–gorda obsesionada con su nuevo físico, pasando por la pareja de frikis que vive martirizándose en un ciclo sadomasoquista de maltratos y reconciliaciones. Entre todos estos casos clínicos destaca el joven matrimonio de Steve y Nell Barrows, dos jóvenes que buscan desesperadamente establecerse en la ciudad, aunque en su caso no se trata de aspiraciones artísticas, sino del nada desdeñable propósito de llevar una vida normal. “Normal” es precisamente lo que no van a tener, ya que después de un par de misteriosas desapariciones, Nell comienza a sospechar que no todo en el edificio es lo que parece, comenzando con los extraños símbolos de brujería y cábala que hay por todas partes. Poco a poco irá desentrañando la historia del inmueble y de su más siniestro habitante, quien últimamente ha hecho rodar más de una cabeza.

La dirección de Tobe Hooper es algo que le ha hecho muy bien a esta película. Desde La matanza de Texas (1974), este director no había vuelto a ofrecernos una historia donde el peligro estuviese presente de una forma tan palpable a través de los decorados. El edificio es, en sí mismo, un personaje más, un sitio sucio que alberga numerosos secretos, con evidentes guiños a otras películas de comunidades endemoniadas como El inquilino (1976) o El bebé de Rosemary (1968), ambas de Roman Polanski. La brutalidad de los crímenes del misterioso asesino es asimismo digna de los mejores tiempos del director, quien no escatima en mostrarnos cuando detalle escabroso se encuentre, especialmente en ese clímax que casi se convierte en una pesadilla. También ayuda muchísimo una actriz como Angela Bettis, cuya presencia resulta bastante contundente para alguien de apariencia tan frágil.

El único fallo de la película es, quizá, no explotar al máximo todo el potencial de las lecturas que ofrece. El edificio en el que viven Nell y Steve es un símbolo de todo Hollywood, un lugar que en alguna ocasión amparó las ilusiones de aquellos que venían a él y que ahora los devora literalmente. Les propongo una cosa: traten de ver las marcas esotéricas del edificio no como lo que son, sino como lo que fueron. Ahí, precisamente en ese “pretérito” de las cosas, se esconde la clave de la película. Eso sin nombrar al asesino, un ser que (en más de una forma) nace de la muerte. Y con esto temo haber dicho demasiado. Tan sólo desearía que los creadores de esta película hubiesen tenido un poco más de valor a la hora de lanzar estas ideas. Es una lástima, porque Hooper no había creado un ambiente así en muchos años.

En fin, una película slasher en toda la regla, pero que esconde el potencial de algo más interesante. Las diferencias entre la versión original y el remake de Toolbox Murders se deben quizá al cambio de concepción que ha habido en cuanto a lo que era y es Hollywood: de “máquina de sueños” a “vertedero del Diablo”. Puede que yo me esté inventando todo esto, pero como regreso de Hooper no está tan mal, aunque es evidente que todavía le falta mucho al creador de Leatherface para volver a estar en forma.

lunes, noviembre 14, 2005

Reseña: La mosca (1986)

Junto con La cosa (1982) de John Carpenter, La mosca (1986) de David Cronenberg es un sólido argumento a favor de los remakes, un ejemplo concreto de cómo la versión de un clásico es capaz en ocasiones de superar al original. Si bien la versión de 1958, con Vincent Price en el papel principal, continúa siendo un referente, hay que reconocer que la mayor parte de su estimación actual reside en su inmenso valor camp, en el que resalta la imagen del hombre de traje con la gigantesca cabeza de insecto. En cambio, el filme de Cronenberg consigue la nada fácil tarea de poner de acuerdo tanto a los fans acérrimos del gore y los excesos hemoglobíticos como a la crítica más exigente. El director canadiense consigue en este relato, mezcla de ciencia–ficción, horror y creature–feature, la que es sin duda una de sus obras maestras.

Jeff Goldblum (perfecto en su papel, valga decir) da cuerpo a Seth Brundle, un excéntrico y solitario científico que crea uno de los inventos más revolucionarios de la historia: la cabina de teletransportación. En un intento por ponerla a prueba a la vez que ignora todo atisbo de prudencia, decide usarse a sí mismo como cobaya en la primera teletransportación aplicada a un humano, con la mala suerte de que una mosca se introduce junto con él en el artefacto. A partir de allí comenzará para Brundle una gradual pero definitiva transformación, una inquietante metamorfosis que le consumirá poco a poco, poniéndole en peligro a él y a los que le rodean.

Es en esta transformación donde reside el principal interés de la película. A través de la actuación de Goldblum vemos todas las facetas del cambio de Seth, desde su fascinación por los poderes que experimenta (salud, vigor, fuerza, rapidez y la posibilidad de caminar por las paredes) hasta el posterior espanto al ver que su cuerpo humano literalmente se cae a pedazos para revelar el amasijo de carnes que oculta su nueva apariencia de hombre–insecto, tras lo cual luchará por asirse desesperadamente a los últimos vestigios de su humanidad. Por supuesto, estamos en una película de Cronenberg, así que los detalles escabrosos no faltan: carne sanguinolenta que se desprende como piel vieja, uñas que se arrancan fácilmente y, por supuesto, la peculiar manera en la que el Brundle-mosca se alimenta vomitando sus jugos gástricos sobre la comida antes de metérsela a la boca.

Pero no todo en esta película se mide por el factor de asco que causa en el espectador. La transformación de Brundle es la eterna metáfora de Cronenberg: el hombre preso de su condición, prisionero de su propio cuerpo y su propia mente, que le lleva hasta el límite de optar entre el sacrificio personal y el sacrificio ritual de aquellos a los que ama. La metamorfosis del personaje en mosca es también vista como una condición dañina y nociva, pero a la vez proveniente del placer: el perfecto paralelismo a una enfermedad venérea. Brundle es un personaje ante todo sexual, y gran parte de nuestra visión (como espectadores) de su dilema la notamos en la relación que mantiene con su novia Veronica (Geena Davies), única persona que conoce su condición. También en ella vemos una transformación progresiva, desde la admiración que siente por el Brundle super–humano, pasando por la compasión hacia el hombre desesperado que le pide ayuda, y finalmente llegando al terror que siente hacia una criatura a la que ya no reconoce y que ahora, sobre todo, tiene repercusiones directas para con ella.

Una película asquerosa y perversa, pero también poética y emotiva, para mi lo tiene todo. El impacto que causó en el momento de su estreno no se ha visto, por fortuna, disminuido con el tiempo. Sin duda alguna una obra maestra que merece ser vista y atesorada.

sábado, noviembre 12, 2005

Míticos: Stuart Gordon (1947 - )

Nacido en Chicago (EEUU), el 11 de agosto de 1947, la carrera de Stuart Gordon como director se vio cuesta arriba desde el principio, cuando fue encarcelado por cargos de obscenidad pública debido a una "poco covencional" versión de Peter Pan para teatro universitario en la que Campanilla era gay y el héroe de Barrie un niño hippie que viajaba a Nuncajamás gracias a una dosis de LSD. Por fortuna, sus problemas con la ley no le cerraron la puerta del cine de género, y a principios de los 80 ya se había abierto un hueco en la compañía Empire Pictures, presidida por el mítico productor de serie-B Charles Band. Fue allí precisamente donde Gordon rodó su primer largomentraje y hasta, la fecha, su obra más conocida: Re-Animator (1985), toda una fantasía gore basada en el relato Hebert West: Re-Animator, de H.P. Lovecraft. La película, entre otras cosas, supuso el descubrimiento del genial Jeffrey Combs (el Cary Grant de la serie-B) y el inicio de una serie de películas en las que Gordon aprovecharía el inmenso filón que Lovecraft dejara en su literatura.
Precisamente su segunda película, From Beyond (1986), volvió a reunir a Combs y a Lovecraft bajo su dominio. Gordon seguía fiel a su estilo de rodearse de actores serie-B como Barbara Crampton (que había trabajado también en su anterior película) y Ken Foree para rodar películas hechas con poco presupuesto pero con mucho desprecio hacia cualquier tipo de concesión. También en esta película contó con la colaboración de su amigo Brian Yuzna, que también le echaría una mano en Dolls (1987), su siguiente película, que trataba de una pareja asediada por una horda de muñecas asesinas.
Por desgracia, en esta ocasión el éxito comercial no le acompañó, y Gordon tuvo que pasar tres años sin dirigir, aunque se ganó la confianza de la industria gracias al argumento de Honey, I Shrunk the Kids (1989), uno de los mayores éxitos de Disney en el campo de las películas no-animadas. Este prestigio le permitió estrenar en 1990 la cinta de ciencia-ficción Robojox (1990), así como dos tv-movies de horror que le mantuvieron en forma: la primera fue El pozo y el péndulo (1990), nueva versión del cuento homónimo de Edgar Allam Poe con el mítico Lance Henrikssen como Torquemada. La otra fue Hija de las tinieblas (1990), un thriller con Anthony Perkins a la cabeza del reparto.
En 1993 llegaría uno de los mayores éxitos comerciales de Stuart Gordon, la película de ciencia-ficción La fortaleza (1993), con Christopher Lambert. Este éxito fue lo que permitió la financiación de Castle Freak (1995), su tercera película basada en la obra de H.P. Lovecraft y protagonizada por un Jeffrey Combs que ya se había convertido en referencia obligada del cine de género diez años después de que saltara a la fama como el doctor Herbet West. La historia de un niño deforme abandonado en el sótano de un castillo que acosaba a la pareja protagonista no fue ningún éxito, pero dejó claro cual era la línea que su director pensaba seguir en el futuro.

Y ese futuro efectivamente llegó. Tras flirtear de nuevo con la ciencia-ficción e incluso con el cine infantil, Gordon recibió la invitación de su amigo Brian Yuzna, quien se encontraba probando suerte en Barcelona con su compañía Fantastic Factory, para rodar en España el proyecto que había acariciado durante más de una década: Dagon (2001), cuarta película lovecraftiana de Gordon y uno de sus trabajos más ambiciosos hasta la fecha, siempre fiel al estilo serie-B que le vio nacer. Combs no estuvo presente en esta ocasión, pero aún así Gordon no dejó de hacer un guiño a los espectadores al dotar al personaje protagonista de un look muy parecido al de su actor fetiche.

Tras Lovecraft vino El rey de las hormigas (2003), homenaje personal de Gordon al cine de explotation de los años 70, y una película que todavía (lo confieso) estoy por ver. En la actualidad, Stuart Gordon continúa con su carrera, habiendo ya estrenado su propio segmento de la serie Masters of Horror: Dreams in the Witch-House (2005). También a este año pertenece su último largometraje: Edmond (2005), una bizarra historia sobre el bajo mundo de las calles de Nueva York, con guión de David Mamet y un elenco menos serie-B que antes, pero que por lo menos encuentra espacio para el inevitable cameo de Jeffrey Combs. Y es que algunos fetiches no mueren nunca.

jueves, noviembre 10, 2005

Y por supuesto, ahora Castlevania

Según UHM, el "peligroso" Paul W.S. Anderson, director de la primera película de Resident Evil (2002), está preparando ya su tercer filme basado en un videojuego, y esta vez adapta el que fuera uno de mis favoritos de todos los tiempos: Castlevania.
El estreno de esta película está pautado para el año 2007. Aún no hay noticias de quién interpretará a Drácula ni a los miembros del ya mítico clan de los Belmont, pero sí se sabe que el propio Anderson se encargará de firmar el guión. Cuidado, Paul, porque esta vez sí que puedo entrar en modalidad de cólera divina. Después de todo, aunque hayan pasado ya más de diez años desde la última vez que el caza-vampiros del látigo haya pasado por mis manos, todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Incluso puedo tararear el tema musical con absoluta fidelidad.
Ándate con mucho cuidado, porque si la cagas, mejor será que mires por encima de tu hombro todas las noches por el resto de tu vida.

lunes, noviembre 07, 2005

Reseña: Ventana Secreta (2004)

Últimamente las adaptaciones de la obra de Stephen King parecen estar de capa caída. La verdad es que, si nos atenemos a los hechos, no hemos disfrutado de una buena adaptación de su obra de terror en varios años, ya que novelas más “serias” como The Shawshank Redemption o The Green Mile se han visto más beneficiadas en cuanto a tratamiento cinematográfico se refiere. Además, muchos cineastas parecen estar más interesados en versionar las novelas más antiguas de este autor, aún corriendo el riesgo de pisar territorio ya explorado, lo cual es el caso de algunas mini–series y TV–movies que han salido en los últimos años: El resplandor (1997), Carrie (2002) y Salem’s Lot (2004). Por eso resultó una sorpresa para mí el estreno de Ventana secreta (2004), una película escrita y dirigida por David Koepp (un guionista que respeto mucho y que ha dirigido la que es una de mis películas favoritas: The Trigger Effect), basada en la novela corta Secret Window, Secret Garden de King. Lamentablemente, poco se puede destacar de esta película salvo la carismática actuación de sus protagonistas, Johnny Depp y John Turturro.

Johnny Depp interpreta aquí a Mort Rainey, un escritor sumido en una fase depresiva después de su divorcio, dedicándose todo el día a hacer el vago, encerrado en su cabaña privada en medio del bosque mientras se pasea todo el día deambulando del sofá a la cama, metido en su viejo y raído albornoz. Un día, aparece de la nada un siniestro personajillo llamado John Shooter (Turturro vestido de pastor anglicano y con un defecto de habla) que le acusa de haber plagiado uno de sus cuentos en un volumen recogido hace ya varios años. Al principio, Mort le despacha como a un loco, a sabiendas de que él nunca ha plagiado a nadie, pero ante la insistencia y el acoso constante de Shooter, se decide a ofrecer pruebas de su inocencia. La sorpresa viene cuando estas pruebas empiezan a desaparecer poco a poco, igual que aquellas personas que las proporcionan.

Ventana secreta trata uno de los temas más recurrentes de Stephen King: el escritor y sus “fantasmas”, la estrecha conexión que existe en sus libros entre la creación artística y el mundo sobrenatural, el contador de historia que funge de medio entre el mundo físico y aquellas realidades más allá de lo tangible. Si algo se puede destacar de la historia es que la progresiva complicación que sufre la trama va develando poco a poco los indicios de una situación demencial que escapa de toda lógica. En este sentido, la “sorpresa final” no lo es tanto, porque resulta la única explicación posible. Sin embargo, y a pesar de que las actuaciones de sus protagonistas y el efectivo ritmo del guión de Koepp cumplen su cometido a cabalidad, el conjunto de la historia resulta en extremo predecible, sin sorpresas, sin nada que haga la película realmente memorable. Casi me atrevería a decir que Ventana secreta hubiera funcionado mucho mejor si se hubiera comprimido su trama hasta el mínimo, con lo que hubiera resultado un excelente cortometraje o un tremendo episodio de Tales from the Crypt. Como película, sin embargo, se queda bastante floja.

Yo recomendaría esta cinta como un hecho curioso, una oportunidad más de admirarnos con el trabajo de estos dos actores, a quienes se les ve competir fieramente por el protagonismo en cada escena. Independientemente de si se adivina la sorpresa final o no (insisto, la adiviné porque me parece que es la única posible), el conjunto resulta flojo, si bien guarda algunos detalles interesantes en su interior.

sábado, noviembre 05, 2005

Reseña: The Dark (2005)

The Dark (2005) es apenas la segunda película del canadiense John Fawcett, así que me parece tonto el que muchas personas se hayan decepcionado porque esperaban un producto más “serie B”, en la línea de Ginger Snaps (2000). Es demasiado pronto todavía para clasificar a este hombre en cualquier estilo, sea el que sea.

Su nueva película, basada en la novela Sheep, de Simon Maggin (no la conozco, por si acaso se preguntan) es, eso sí, de un estilo muy diferente al de su opera prima. Y lo es desde el primer momento, en el que nos plantea un “escenario” completamente distinto: si Ginger Snaps era un pequeño universo de suburbia en el que se exploraba la relación entre dos personajes, The Dark habla de un mundo descomunal e inabarcable, la conexión de los planos terrenal y espiritual a través de la fina capa que componen las leyendas populares, en este caso las galesas. El mar, en toda su inmensidad, es tratado aquí como lo que era para el hombre celta hace miles de años: el límite, el lugar donde se acaba el mundo, la puerta inmesurable al reino de los muertos. A través de este lei-motiv, la película nos cuenta la historia de una madre cuya hija cae en las profundas aguas, atraída al parecer por los espíritus que allí habitan. Mientras la busca desesperadamente, en la esperanza de que siga viva, encuentra a otra niña de aspecto y comportamiento muy extraño, que resulta ser idéntica a una que desapareció en el mar también… sólo que sesenta años atrás. La madre entonces debe investigar quién (o qué) es esta niña para así conocer el precio que ha de pagar por recuperar a su propia criatura.

A partir de aquí, la película va indagando cada vez más en la historia local, algo típico en estas historias de fantasmas y aparecidos. La resolución de un misterio que afecta a esa pequeña área rural se mezcla con los vericuetos de una antigua leyenda galesa que (cómo no) guarda incluso resonancias medievales y la conexión con una secta de chalados. Son estas elucubraciones de la trama lo más interesante de The Dark, y lo único que (en mi opinión) puede hacer que alguien se sienta tan interesado como para seguir toda la película. Eso sí, no hay que esperar nada más. Como película de terror, la verdad es que deja bastante que desear. Además, algo que no se puede obviar (y que lamentablemente juega en su contra) es el contexto: a pesar de que la novela en la que se basa fue publicada en 1994, existen demasiadas similitudes con otras películas recientes, entre ellas The Ring (2002), como para creer que se trata de una simple coincidencia (no creo que lo sea, por ejemplo, la fotografía borrosa del mundo de los muertos y el hecho de que Maria Bello incluso se parece físicamente a Naomi Watts). Yo no sé ustedes, pero en los últimos tiempos me he ido hartando un poco de la típica trama de fantasmas que incluye niños espeluznantes y secretos del pasado unidos a un reino sobrenatural. Es que ya van muchas, señores, y ésta es otra de ellas. Otra cosa que le resulta desfavorable es el hecho de que se apoya demasiadas veces en el susto fácil, en el típico brinco de silla que te sobresalta pero que inmediatamente después puede llevar a la risa a los sectores con menos privilegios intelectuales de la sala (mi experiencia viendo la película así lo demuestra). Para colmo, la película se hace larga, y tiene un “doble clímax” que no le favorece en nada. Otra cosa: ¿era necesario el típico final sorpresa?

En fin, una historia interesante, aunque un poco insulsa. Las comparaciones con otras películas serán inevitables, pero por lo menos habrá que verla por lo que plantea. Eso sí, para películas de terror, es mejor buscar otra cosa. Ya veremos con qué nos sale Fawcett en la próxima. Por cierto, que entre los productores está el nombre de Paul W.S. Anderson, una de las mentes menos creativas que hay por ahí. Me pregunto cuánto habrá tenido que ver realmente con todo esto.

jueves, noviembre 03, 2005

Reseña: Jeepers Creepers (2001)

Lo bueno de Jeepers Creepers (2001) es, sin duda, ese aire tan marcado que tiene a leyenda rural, a cuento de carretera, esa sensación de perversidad ingenua típica de un cuento de hadas. Lo malo sería, en todo caso, su poca ambición a la hora de desarrollar la historia en una forma tan interesante como el planteamiento. Eso sí, su moderado éxito hasta la fecha, y lo que podría ser definido como una virtud, es que ha logrado instaurar una nueva criatura en el bestiario del cine de horror moderno.

Los primeros quince minutos de Jeepers Creepers son de los mejores que he visto en muchos años: una introducción sugerente, un canto de paranoia en forma de road movie con un mínimo de elementos: dos hermanos que viajan por un solitario camino rural son acosados en el trayecto por un viejo y destartalado camión, conducido por un personaje envuelto en sombras y suciedad. Cuando los dos, en contra de todo sentido común, se atreven a mirar más allá de las advertencias, se encuentran de lleno con la leyenda del “Creeper”, una criatura mitológica de la que desconocemos absolutamente todo: orígenes, intenciones o naturaleza. Tan sólo sabemos que posee una voluntad indoblegable, y que una vez que quiere algo, lo obtiene a como de lugar.

El problema es que después de esos quince minutos iniciales la película abandona todo atisbo de sugerencia para sumergirse de lleno en la literalidad, en lo explícito, y no siempre logra cumplir a cabalidad las expectativas que ha levantado. Cualquier actividad cerebral que pueda registrarse en esta película va a ocurrir durante su primer acto, ya que después de eso se convertirá en un juego del gato y el ratón sin mayores sorpresas y sobresaltos. Incluso los pocos intentos de la película por regresar a su tono inicial se ven truncados, en el momento en que aparece un nuevo personaje con toques “místicos” que ridículamente tratará de dar a los protagonistas (y por ende al público) una explicación de medio pelo a los sucesos de la película, disfrutables precisamente mientras permanecen como un misterio. Para el momento del clímax, en el que el “Creeper” es confrontado en medio del que debería ser el lugar más seguro del mundo (una estación de policía), ya esto no es más que un creature–feature de molde. La película nos ha hecho trampa.

De más está decir que el final es bastante tonto, a lo que debo añadir la sensación que tuve de que la película duraba una hora. Es una lástima cuando te ofrecen tantas expectativas en el principio de una historia y luego te ofrecen más de lo mismo. Al menos, el diseño del “monstruo” es interesante, precisamente porque le otorga a la trama ese saborcillo a espantos de caminos, a relato de la campiña, a pura mitología. Sólo por eso creo que habría que revisar esta singular aunque fallida película.

miércoles, noviembre 02, 2005

lunes, octubre 31, 2005

¿Halloween? No gracias, pero...

Yo no celebro Halloween. No me gusta, me parece que no tiene sentido, en mí no es algo espontáneo. Reconozco, sin embargo, que hay otras fechas que odio MUCHO más, como el nefasto Día de San Valentín. Esta noche evadiré la realidad yendo a ver The Dark (2005), la nueva película de John Fawcett.
Mientras tanto, les dejo los nombres de algunas películas en las que la noche de Halloween tiene un papel destacado. No sé, para que así tengan algo que hacer esta noche.
1. Halloween (1978), de John Carpenter (por supuesto).
2. Night of the Demons (1988), de Kevin Tenney (uno de los clásicos más injustamente olvidados de los años 80 y la mejor parodia/homenaje/plagio a The Evil Dead que se puede encontrar. Sus dos secuelas también son altamente recomendables).
3. Pumpkinhead (1989), de Stan Winston (hablando de calabazas, esta película de monstruos con el inigualable Lance Henriksen a la cabeza es referencia obligada de ese terror casposo ochentero. Véanla. La secuela, Pumpkinhead 2: Blood Wings, no es tan interesante).
4. La casa de los 1000 cadáveres (2003), de Rob Zombie (el señor Zombie es un hombre que VIVE para el cine de género, así que es imposible no echarle un ojo a su ópera prima, una fiesta de Halloween con Otis, el Capitán Spaulding y el Dr. Satan).
5. Once Bitten (1985), de Howard Storm (por favor, alguien dígame que no soy yo el único fan de esta deliciosa comedia de vampiros con un Jim Carrey antes de convertirse en estrella. Creo que me la sé de memoria).
6. La pesadilla antes de Navidad (1993), de Henry Selick (bueno, creo que de esta película no tengo ni siquiera necesidad de hablar).
7. Trick or Treat (1986), de Charles Martin Smith (parábola de la fiebre del heavy-metal de mediados de los 80, difícilmente se puede encontrar una película más "absurda", en el sentido bueno de la palabra. Indispensable ver el tronchante papel de Ozzy Osbourne como un predicador que fustiga sin piedad a la música rock).
8. Donnie Darko (2001), de Richard Kelly (¿pero es que existe alguien que no haya visto ya esta obra maestra? Me niego a hablar de ella).

viernes, octubre 28, 2005

Reseña: Frágiles (2005)

Seamos sinceros: nadie escoge dirigir la película de Operación Triunfo de buena gana, así que el hecho de que el director español Jaume Balagueró se haya decidido a hacerla responde a una voluntad de sacrificio para nada desdeñable. Sólo por eso creo que se merecería que le echáramos un vistazo a su propuesta en el cine de género. Confieso que no he visto aún sus obras de género anteriores: Los sin nombre (1999) y Darkness (2002), pero su tercera, Frágiles (2005), resulta ser, en mi opinión, uno de los mejores estrenos de terror del año, una película altamente referencial pero hecha con absoluta precisión por alguien que, por lo menos en esta ocasión, sabe lo que está haciendo.

Participando de una premisa similar a otra película europea de terror estrenada recientemente, Frágiles sitúa su anécdota en un escenario que es en sí mismo un personaje: un gigantesco hospital para niños ubicado en medio de una isla británica, apartado completamente de la civilización. A este hospital llega Amy (Calista Flockhart), una enfermera contratada para cuidar a los últimos niños que están siendo trasladados. Sin embargo, el hospital alberga algo dentro de sus paredes, una presencia fantasmal que no quiere ser abandonada y que incluso ya ha empezado a hacer daño a los niños. Amy pronto entabla amistad con la más “rara” del grupo: la pequeña Maggie, la única que puede comunicarse con el fantasma, que responde al nombre de Charlotte y al apodo de “la niña mecánica”. Por supuesto, y tras varios intentos frustrados de que le crean, Amy decide investigar por su cuenta la historia de Charlotte, y sus pasos la llevarán a la segunda planta del hospital, clausurada desde hace cinco décadas.

La trama no es nada original, y algunos cinéfilos podrán reconocer alusiones indirectas a aquella película de Peter Medak llamada Al final de la escalera (1979), una de las más inquietantes historias de casas embrujadas que se pueden hallar. Frágiles no le desmerece para nada. Balagueró ha hecho bien sus deberes al construir una historia que se va revelando poco a poco, con mayores sugerencias que situaciones explícitas, además de echar mano a todos los estilos que han predominado últimamente, incluyendo un clímax que hace uso de las ya inevitables referencias al estilo del J-Horror. No se trata de un plagio, sin embargo, ya que calza perfectamente en esta historia, y la película hace suyas todas las influencias que recibe. Se agradece asimismo que, si bien hay una “sorpresa” al final, la película no está de ninguna forma subordinada a ella. Buen gesto, diría yo.

Como bien se ha dicho por ahí, algo se mueve en el cine de género español. Si bien es cierto que Filmax nos ha clavado numerosos mamones en el pasado, creo que películas como ésta del señor Balagueró son las que al final terminarán atrayendo al público, independientemente de que sean rodadas en inglés y apunten a un mercado mayoritariamente anglosajón. Por mi parte, creo que la sola presencia de “Charlotte”, y especialmente su showdown final, hace que la película valga la pena.