lunes, mayo 22, 2017

Reseña: The Boy (2016)

Tengo que reconocer que a la hora de ver The Boy (2016) hubo dos circunstancias que influenciaron en gran medida mi apreciación por la película. La primera de ellas es que había leído y escuchado sólo opiniones negativas desde el momento de su estreno (el cual no vi teniendo en cuenta que en mi ciudad no se estrenó ni una copia en versión original) y la segunda es que antes de verla ya sabía cual era el giro sorpresa de la trama, porque alguien me lo había arruinado mucho tiempo atrás. Estas dos cosas hicieron que comenzara a verla casi esperando lo peor, y a pesar de que efectivamente no considero que sea una gran cinta de terror ni mucho menos, sí que tiene cosas interesantes, sobre todo al principio. Esto quizás sea más decepcionante aún, porque estamos hablando de unas ideas muy buenas y un potencial enorme desperdiciado por culpa de un manejo del horror muy visto y sobre todo una conclusión terrible.

El principal potencial que le veo, y que ya se veía muy atractivo desde el trailer, es la premisa: una joven americana que viaja a Reino Unido para trabajar de niñera para una adinerada pareja en una mansión en medio del campo, y que se da cuenta al llegar de que el crío al que tiene que cuidar es en realidad un muñeco de porcelana al que los padres tratan como si fuera humano. Tanto la pinta del muñeco como la casa y la actitud de los padres hacia él resultan muy inquietantes, por lo que ya de entrada la idea principal tras el argumento era algo que estaba más que dispuesto a ver. Incluso durante su desarrollo hay momentos que demuestran cierta inteligencia, principalmente todos aquellos en los que está la protagonista sola con el muñeco y vemos su reacción ante los hechos misteriosos que poco a poco van ocurriendo. Todas estas escenas a decir verdad parecen sacadas de una película distinta y mucho más cercana a lo que debió haber sido la idea principal del guión y menos como una cinta de terror comercial al uso.

Por desgracia nada de esto se mantiene por mucho tiempo y la inclusión de dos personajes masculinos (el segundo de los cuales se presenta de forma repentina en el tercer acto en una de las entradas más previsibles y ridículas que he visto en mucho tiempo) arruinan un poco la experiencia porque realmente no aportan nada a la narración más que un muy innecesario contrapunto a las interacciones de la chica, como si hubiesen pensado que el público no sería capaz de seguir con interés una historia en la que hubiese un único personaje y nadie que le estuviese constantemente explicando el trasfondo de la trama. Es una lástima porque podía sentir como mi interés bajaba en cada momento que no se tocaba la relación entre la joven y el muñeco, por lo que hacía falta la forzada introducción de un trauma del pasado y una relación amorosa conflictiva que, tal como mencionaba antes, se resuelve en el tercer acto de una forma que sólo puede mover a la risa.

El giro final de la trama, que no voy a mencionar aquí, es cuando finalmente sabemos qué es lo que ocurre en la casa y la verdadera naturaleza del muñeco. Como decía al principio, ya lo sabía de entrada antes de comenzar a verla, por lo que no puedo decir si resulta previsible o no. Lo que sí puedo decir es que tampoco está nada aprovechado y que en el contexto de una película tan banal como esta se prestará a una gran cantidad de chistes, además de que vuelve confusas y contradictorias algunas de la reglas que la película ha establecido antes. Todo esto me convence aun más de que The Boy tenía un potencial muy grande que quizás no fue el más apropiado para una cinta mainstream con actores televisivos, sustos falsos y ambientación predecible. Una pena porque podría haber sido una entrada en el tema de los muñecos inquietantes mucho más digna de lo que solemos encontrar, y al final ha resultado ser de lo más olvidable en años. 

lunes, mayo 15, 2017

Reseña: I Spit on Your Grave 3 (2015)

En virtud del completismo y aprovechando que la tenía al alcance de la mano, decidí darle una oportunidad a esta tercera entrega de I Spit on Your Grave (2010), muy a pesar de que la segunda parte, que reseñamos aquí hace poco, no me había dejado lo que se dice muy impresionado. Guardaba sin embargo algo de esperanzas para esta tercera entrega, ya que I Spit on Your Grave 3: Vengeance is Mine (2015) al menos retomaba al mismo personaje de la primera parte, Jennifer Hills, y aunque ya no tenía al mismo director al menos auguraba una historia un tanto distinta que rompía con el esquema establecido por sus antecesoras. Al final es cierto que intenta ser diferente, pero también es sin duda alguna la peor de la trilogía y hace que a su lado la segunda parezca mucho mejor de lo que es.

No creo que le arruine la sorpresa a nadie si digo que esta tercera parte ya no es en realidad una película de terror sino más bien una historia de vigilantismo muy en la línea de aquellas que solía hacer Charles Bronson durante los ochenta, pero con menos gracia. Esta vez Jennifer Hills ha decidido cambiar de nombre y de vida y refugiarse en un grupo de ayuda mutua de personas que intentan superar su experiencia de abuso sexual, hasta que la muerte de una amiga a manos de un depredador termina de empujarla a cometer una nueva ola de asesinatos con los que intenta reparar estos crímenes de forma un tanto torpe. Creo que ya de entrada esta fue la primera decepción que me llevé con la película, ya que a pesar de que está interpretada por la misma actriz (Sarah Butler, lo único bueno de la cinta, a decir verdad) el personaje de Jennifer parece aquí completamente distinto, mucho más débil y menos resuelta de lo que parecía al final de la primera entrega, y más allá de las fantasías de violencia que tiene día a día, parece como si tuviera que redescubrir su brutalidad desde cero, con lo que prácticamente no queda nada de aquella aprendiz de Jigsaw que habíamos visto la última vez. 

Las limitaciones de guión y formato hacen además que esta sea una película mucho menos elaborada que la anterior y considerablemente menos explícita en cuanto a violencia, así que olvidémonos de aquellas crueles muertes que veíamos en la primera parte. Aquí por el contrario se trata de algo mucho más convencional y de hecho sólo hay una muerte realmente destacable que implica una felación/castramiento que seguramente habréis visto ya porque ha sido utilizada en numerosos gifs aunque no sepáis de qué película se trataba. Pero es que incluso esta muerte está hecha de tal manera que más bien parece un chiste hecho a costa de la víctima masculina, un tratamiento humorístico presente en casi todas las muertes de la película, lo que resta seriedad al conjunto y hace que parezca más bien una parodia de la original. 

El único elemento interesante de I Spit on Your Grave 3 es precisamente uno que comentábamos arriba acerca de las fantasías de poder de la protagonista y su posibilidad de que los crímenes que vemos no sean reales, pero la película nunca se decide por un lado u otro de esta idea por lo que todo queda algo difuso. Pero incluso aunque fuese así, eso no haría sino dejar aun más evidente que estamos ante una secuela muy inferior que minimiza y banaliza los logros de la primera. Al menos la segunda, pese a que era más de lo mismo, podía tomarse un poco en serio, cosa que en este caso resulta difícil.

viernes, mayo 12, 2017

Reseña: Get Out (2017)

Get Out (2017), debut como director de Jordan Peele, está llamada a ser uno de los estrenos de terror a destacar de este año y por varios motivos. No sólo se trata de un impresionante primer trabajo de un artista más asociado a la comedia, sino que es una película que toma elementos ya conocidos y los reinventa gracias a una perspectiva poco habitual en el cine de terror de esta o de cualquier época: un trabajo de contenido claramente racial visto desde la perspectiva de un hombre negro, y que mediante una muy básica historia de misterio en la línea de The Twilight Zone consigue hablar sobre temas muy actuales y por lo general poco tratados en ficción como es el racismo de la clase "progresista", uno que no se manifiesta a través de la violencia o el odio sino de la condescendencia y la apropiación de una causa. Es una película que con muchos más detalles y lecturas de las que ofrece en un principio.

El mismo director Jordan Peele manifestó en una ocasión que la idea del argumento proviene precisamente de su faceta como comediante gracias a una anécdota contada por Eddie Murphy (quien originalmente era su candidato principal para el papel protagonista hasta que se hizo demasiado mayor para el personaje), así como la película Adivina quien viene esta noche (1967). Ambas, a pesar de no tener nada que ver con el género de terror, sí que tocan un tema bastante serio que sin embargo pocas veces se había tratado como tal: el miedo y recelo que el hombre negro siente hacia el hombre blanco, especialmente aquel que tiene poder, independientemente de sus supuestas buenas intenciones. Aquí los racistas no son miembros del Ku Klux Klan o votantes de Trump sino todo lo contrario: blancos acomodados de izquierdas, que abrazan entusiastas la cultura del "otro", que coleccionan souvenirs de países exóticos y que votarían por un tercer gobierno de Obama si pudieran, seres "post-raciales" que pueden darse el lujo de decir que han dejado todo el tema racial atrás porque no en realidad no les afecta.

Detrás de toda esta idea se esconde, como decíamos arriba, un argumento muy sencillo y una premisa que se puede resumir un pocas líneas: un joven negro que visita por primera vez a los padres de su novia blanca en un suburbio de clase alta y que descubre que algo en aquel lugar no pinta bien. Hay una maravillosa tensión y suspense logrados ya desde el principio puesto que la situación por la que hacen pasar al protagonista ya es inicialmente muy incómoda y genuinamente inquietante una vez que nos adentramos en el ambiente de esta familia de blancos pudientes y sus conocidos. Y lo mejor de todo es que ese ambiente de tensión se logra, como comentábamos, en medio de una atmósfera que en la superficie no se presenta como algo hostil. Lo fácil en este sentido habría sido algo como 2000 maníacos (1964), una película con la que se le ha comparado de forma errónea porque la violencia y el racismo de estos personajes no es tan evidente sino que subyace detrás de su trato condescendiente y su paternalismo. 

La verdadera naturaleza de la amenaza que se cierne sobre el protagonista de Get Out no es realmente una sorpresa, no sólo por su demasiado explícito trailer sino también porque la película en sí no hace muchos esfuerzos por ocultarlo y tampoco es lo principal. Pero sí es cierto que una vez que se revela el misterio y los elementos de horror se ponen sobre la mesa la película cambia de tono y se convierte en algo mucho más violento y entregado a un gore algo más convencional que, en mi opinión, es el único punto flaco que la película tiene. Este cambio de registro me recordó mucho, por cierto, a La cura del bienestar (2016), otra gran película estrenada este año que también cambiaba radicalmente de estilo en sus últimos minutos convirtiéndose en algo mucho más explícito y serie B. Esta además adereza los horrores con algunos toques de humor muy bien integrados, y es en general una película que invita a varios visionados. Reconozco que el hype alrededor de ella viene no tanto por la película en sí sino por su inusual perspectiva y por la forma en que aborda temas poco tratados en el cine comercial, pero aun así es muy recomendable y se queda contigo mucho tiempo después de verla. 

lunes, mayo 08, 2017

Reseña: I Spit on Your Grave 2 (2013)

Probablemente no me crean pero juro que fue muy recientemente que supe que había no una sina dos secuelas de I Spit on Your Grave (2010), aquel remake del clásico de explotación de los setenta que ya una vez comenté por aquí y que me había causado una impresión mejor de lo que cabía esperar. Pues resulta que sí, tres años después de aquello el mismo director, Steven R. Monroe, se sacó de la manga esta segunda parte estrenada directamente en formato doméstico y rodada en Bulgaria, aunque esta vez los resultados no son lo que se dice muy cercanos a lo que lo lograra con la anterior película. En esta ocasión sus responsables intentan aumentar el sadismo general del concepto rape & revenge y al mismo tiempo asomar una especie de diatriba moral muy superficial que nunca se llega a explorar del todo. 

Tal como sospechaba en un principio, I Spit on Your Grave 2 tiene otra historia completamente independiente de la primera con otros personajes distintos, por lo que no es tanto una secuela sino un nuevo remake inconfeso de aquel concepto del 2010. Esta vez seguimos a una joven aspirante a modelo en Nueva York que tras ser ultrajada y secuestrada por un trío de despreciables personajes, decide por supuesto tomar venganza de una manera brutal y despiadada. Hasta aquí el argumento es muy similar al de la primera entrega, sólo que esta vez las vejaciones por las que pasa la joven Katie se alargan en el tiempo y hay un énfasis en la brutalidad de sus abusos que la primera parte no tenía. Esto hace de la película algo inicialmente difícil de aguantar porque como público sabes que la protagonista va a ser violada y dejada por muerta y el innecesario alargamiento de este suplicio me hizo preguntarme en varias ocasiones por qué estaba viendo esto.

El problema que yo en lo particular tengo con esta película, aparte de lo previsible y manipuladora que es en cuanto a su violencia, es que una vez que se produce el ataque a la chica el argumento pierde todo atisbo de conflicto. Lo que quiero decir con esto es que Katie nunca enfrenta ningún tipo de dificultad a la hora de llevar a cabo su venganza, por lo que toda la segunda mitad de la película no es más que la puesta en escena de una fantasía de poder totalmente vacía y muy poco interesante. Es verdad que la anterior película (y hasta cierto punto la original) también pecaban un tanto de lo mismo, pero al menos eran estéticamente más elaboradas e incluso se adentraban un poco en los terrenos de otros géneros, sobre todo la del 2010 que era una auténtica película de terror. Aquí no hay nada de eso, y de hecho hay un vano intento por dar algo más de profundidad al argumento al incluir los atisbos de una subtrama de investigación por parte de un policía y un sacerdote que buscan a la protagonista, subtrama que no tiene absolutamente ninguna consecuencia y que perfectamente podría no haber existido. Tampoco ayuda el hecho de que las actuaciones sean tan pobres, sobre todo la de la chica principal, que por sí sola le baja varios enteros a la película. 

Hay un único momento de I Spit on Your Grave 2 que me pareció realmente bueno, y es una revelación que ocurre más o menos a un tercio del metraje y que tiene que ver con la ubicación de la trama. No diré cual es porque esa sorpresa fue la única de una película por lo demás bastante olvidable y cuya truculencia hace tiempo dejó de ser revelante en el panorama de terror actual. Existen dos versiones, por cierto, una "unrated" y una edición británica a la que la censura eliminó casi todas las tomas explícitas de violencia de una forma muy evidente, con lo que el resultado quedó incluso peor. La tercera entrega de la saga, sin embargo, parece ser algo muy distinto ya que retoma al personaje de la primera parte, lo cual puede estar interesante. Caerá seguro.

viernes, mayo 05, 2017

Reseña: Life (2017)

Casi desapercibida entre otros estrenos más importantes, Life (2017) es a pesar de todo una interesante muestra de terror espacial que al menos ha intentado traernos una historia mil veces vista en una forma un tanto diferente y sobre todo muy poco habitual teniendo en cuenta la trama que está contando. Por mucho que su trailer haya querido ocultarlo, es bueno que entremos a ella sabiendo que es básicamente una película de monstruos muy en la línea de ejemplos clásicos del género que han estado rodando desde siempre, no solo Alien (1979) como ha comentado la mayoría sino mucho más atrás, con obras en blanco y negro como It! The Terror From Beyond Space (1958), que fue la primera que se me vino a la mente dada la trama. 

Donde reside la principal diferencia con sus antecedentes es que el argumento de Life (básicamente la historia de una misión a Marte que trae consigo una forma de vida alienígena que resulta ser hostil y con muchos recursos) se ve hasta cierto punto elevado gracias a la presencia de un elenco de actores "respetables" y una ambientación sobria que intenta además ser más realista con el desarrollo actual de la tecnología espacial, como si alguien hubiese intentado hacer Alien pero para un público habituado a ver odiseas espaciales más cercanas a la realidad como Gravity (2013) o The Martian (2015). También el descubrimiento y la posterior batalla contra el monstruo son cosas que ocurren de forma mucho más lenta y gradual, centrándose además en gran medida en el lado emocional de los personajes y la frustración típica de las películas anteriormente citadas cuando los planes no salen bien y las dificultades comienzan a apilarse una sobre otra. 

El resultado es paradójico, porque a pesar de todos estos disfraces la cinta sigue siendo en el fondo una serie B con muchos de los elementos que nos han traído otros trabajos en apariencia más ligeros. Lo bueno es que está hecha bien; el diseño de la criatura es muy atractivo y a pesar de que es realizado por completo mediante tecnología digital, se siente como una amenaza real y el miedo que se experimenta por los miembros de la tripulación es genuino. Como contraparte a esto, hay que decir que los personajes son ampliamente mejorables y a pesar de que el ambiente es más conocido a aquello que conocemos de los viajes espaciales, las decisiones tomadas por estos supuestos científicos son un tanto insólitas y poco creíbles teniendo en cuenta su trasfondo. Muchas de estas decisiones pueden explicarse sin duda a través del pánico y la degeneración mental, pero algo me dice que están ahí principalmente para ayudar al argumento.

A pesar de esto es una película que me ha parecido muy eficiente y sobre todo mucho mejor de lo que esperaba en un principio. Su apariencia supuestamente "seria" y su énfasis inicial en los personajes, eso sí, no engañan a nadie: esta es una historia de monstruos de toda la vida sólo que un tanto más lenta de lo habitual, pero al menos llegado el momento sabe lo que es y nos trae un terror espacial muy digno que probablemente merecía una mayor notoriedad en cartelera. Si es que incluso el final rezuma terror clásico por todos lados. Echadle un vistazo si todavía está.

miércoles, mayo 03, 2017

700 reseñas (casi) y otras cosas

Terminó abril y con él nuestro mes especial dedicado a cine de terror clásico. El cómo pude mantener la periodicidad de las entradas durante un mes es algo que todavía me sorprende, pero lo cierto es que lo he disfrutado mucho e incluso se me han quedado algunas reseñas en el tintero que tendré que dejar para más adelante, porque de momento estoy metido en otros proyectos paralelos. Aprovecho esta pausa para un poco del spam correspondiente.

Aquellos que estéis viendo esta página en un navegador de escritorio seguramente notaréis que a la derecha hay un enlace que lleva a mi último relato, La cerca entre los árboles, un texto del que estoy muy orgulloso y que ha sido el que más descargas ha tenido de todos los que he publicado hasta la fecha. Es un relato de fantasía, el género en el que más cómodo me siento, así que si no lo habéis leído os invito que os paséis por él. La descarga es gratuita por un tiempo limitado, y en dicho espacio también podéis encontrar otros de mis trabajos si queréis dar un apoyo adicional a la causa.

Además de esto, nos acercamos poco a poco a las 700 reseñas de Horas de oscuridad. Como ocurre cada centenar, estoy abierto a sugerencias acerca de lo que queráis que vea, pero hay que hacerla llegar con tiempo ya sea comentando esta entrada o en Facebook, así me dará tiempo de ver lo que sea que propongáis. Pero ojo: hemos reseñado tantas cosas en todo este tiempo que mejor os dais una pasada por el índice de reseñas no vaya a ser que vuestra petición ya haya sido cumplida.

Y eso es todo, en un par de días volvemos con más.

viernes, abril 28, 2017

Reseña: Vampyr (1932)

Hay varios motivos por los cuales hemos dejado para el final una reseña de Vampyr (1932), uno de ellos es que se trata de la única cinta de este especial que nunca había visto antes, y también porque es quizás la menos convencional de las doce de las que hemos hablado durante este mes de abril, a pesar de que por lo visto es una de las más accesibles de su director, Carl Theodore Dreyer. Lo digo con algo de inseguridad porque lo cierto es que es apenas la segunda película de Dreyer que he visto en mi vida, pero por lo que he podido leer se trata de uno de sus argumentos más sencillos y lineales. Esta cinta de terror sin embargo fue un fracaso en el momento de su estreno y es sólo con el tiempo que se ha convertido en una película de culto y ha sido alabada por la maravillosa atmósfera que Dreyer consigue a raíz de una trama muy básica que ya para 1932 estaba más que vista.

Esta trama a la que me refiero sigue la historia de un joven estudiante que llega a un pequeño pueblo donde una familia está siendo víctima del ataque de un vampiro. Contar más que esto sería destripar toda la película, y de todas formas lo interesante aquí no está en el argumento como tal sino en la forma que ha escogido Dreyer para contarla. Hecha a partir de ideas de un libro de cuentos del autor J. Sheridan Le Fanu, Dreyer monta el ambiente gótico de su película con un grado de autenticidad poco habitual trabajando enteramente en locaciones reales y en su mayor parte con actores no profesionales (de hecho el protagonista, Nicolas de Gunzburg, era un miembro de la nobleza rusa que accedió a financiar la película a cambio de interpretar el papel principal). Estéticamente, además, hay una intención de dar a la película la apariencia de un sueño al utilizar una camara ligeramente fuera de foco para algunas de las escenas de exteriores, lo que causa una extraña sensación de irrealidad en contraposición con el carácter más racional de lo que está ocurriendo en escena.

Parte de esta sensación de irrealidad se consigue también gracias a elementos que no estoy seguro sean del todo intencionales, tales como la forma rígida y acartonada de sus actuaciones. Asimismo, hay que mencionar que esta fue la primera película sonora de Dreyer y arrastra todavía muchos recursos del cine mudo. La trama va avanzado principalmente gracias a las imágenes y hay muy pocos diálogos, de hecho la mayor parte de la exposición se da no a través de personajes sino de largos textos insertados en pantalla a través de intertítulos o de planos en los que la cámara nos muestra las páginas de un libro, momentos que entregan el argumento de forma bien clara para que el público pueda concentrarse en las imágenes. La idea funciona porque el ambiente que la película crea con todo esto es en verdad hipnótico hasta el punto en que realmente se siente como un sueño que público y protagonista están teniendo juntos. Es probablemente una de las mejores ambientaciones góticas que he visto jamás en una película, y una digna de ser imitada.

A pesar de todo, Vampyr fue un fracaso comercial y de crítica durante su época, y durante mucho tiempo fue considerada un punto bajo en la carrera de Dreyer, quien realizó varias modificaciones al montaje final en un esfuerzo por hacerla más accesible, sobre todo teniendo en cuenta que coincidió con horrores góticos más comerciales como las películas de monstruos de Universal. Con el tiempo, sin embargo, la rareza de su ambiente y su singular estilo narrativo la han elevado de cara al público. La versión que nos llega hoy no tiene la mejor calidad posible ya que los negativos originales se han perdido y la película ha sido reconstruida a partir de retazos de varias versiones internacionales. Pero a pesar de todo es una cinta muy curiosa cuya atmósfera la hace realmente inolvidable. 

miércoles, abril 26, 2017

Reseña: White Zombie (1932)

Abordada en su momento como una producción independiente con un presupuesto mucho menor que la mayoría de sus contemporáneas, White Zombie (1932) no fue muy bien recibida en su momento por la crítica, aunque con el tiempo ha sido reivindicada hasta el punto de que se considera una película de culto y, probablemente, una de las más famosas cintas que protagonizara Bela Lugosi, superada en su fama sólo por Drácula (1931). También es citada muy a menudo como la primera película de zombis de la historia del cine, una afirmación un tanto osada porque los zombis que se ven aquí no tienen nada que ver con la definición que han terminado por tener estas criaturas en el cine de terror; aquí los zombis son de su variante vudú, lo que trae a colación el carácter exótico de la cinta hasta el punto de que yo dudaría incluso en clasificarla como una historia de terror y más bien como una oscura película de aventuras con damiselas en peligro, héroes intrépidos, un malsano triángulo amoroso y un villano caricaturesco.

Obviamente no todo el mundo lo vio así, y White Zombie de hecho se esfuerza por ofrecer componentes de terror a lo largo de su metraje intentando aprovechar al máximo sus recursos. Como comentaba arriba, esta fue una producción muy modesta que sospecho debe haber usado gran parte de su presupuesto en contar con Bela Lugosi en el reparto, ya que el resto del elenco se trataba sobre todo de antiguas estrellas del cine mudo venidas a menos como Joseph Cawthorn, un actor principalmente asociado a comedias y que aquí hace de una especie de Van Helsing tropical. La comparación con el doctor no es casual porque esta película incluso se rodó reciclando varios de los decorados de Drácula y otras películas de Universal, en un alarde de mercenarismo cinematográfico envidiable a la hora de recrear una Haití mágica en la que la pareja protagonista se enfrenta a un maligno doctor (sutilmente llamado Murder Legrende) que convierte a sus víctimas en zombis gracias a sus conocimientos de vudú.

Es precisamente este villano, interpretado por Lugosi, la imagen más reconocible de la cinta. Lugosi, quien estaba en un punto muy alto de su carrera tras su participación en Drácula, es sin duda alguna lo mejor de la cinta y su presencia aporta una gran dosis de dignidad a una trama algo básica y una estructura de aventuras muy sencilla destinada a estimular los referentes más manidos del público. Aparte de su nombre, el maquillaje que porta le hace parecer literalmente un diablo, y las numerosas escenas en las que usa sus poderes hipnóticos, sumadas a la recreación superficial del vudú y lo zombi a lo largo de todo el metraje, imprimen a la cinta una capa de exotismo que debe haber funcionado muy bien con un público que fácilmente asociaba todas las culturas foráneas con brujería. Pero también, paradójicamente, se trata de una cinta hasta cierto punto revolucionaria que con su tratamiento del horror se desmarcó del pseudo-gótico de Universal y presagiaría trabajos posteriores importantes, especialmente la obra del productor Val Lewton durante los años cuarenta. Su representación de la magia negra, la sexualidad malsana de sus villanos y la no escasa cantidad de violencia de su argumento sólo fueron posibles gracias a su condición de película independiente y al hecho de que se estrenó en 1932, antes de que el Código Hays entrara en pleno vigor.

Como decía más arriba, White Zombie no caló muy bien con una crítica que no estaba preparada para ella en su momento, pero ha tenido una gran influencia posterior tanto en su estética como en sus temas, y se ha convertido en una cinta de culto para muchos. Su director, Victor Halperin, realizó una secuela pocos años después que hoy en día ha sido olvidada, y durante mucho tiempo se habló de un posible remake que no se ha llegado a realizar a pesar de que la película es de dominio público. Al menos siempre nos quedará la original.

lunes, abril 24, 2017

Reseña: El gabinete del doctor Caligari (1920)

En el que probablemente sea uno de sus mejores textos, Roger Ebert nombra a El gabinete del doctor Caligari (1920) como la primera verdadera película de terror. Con esto no quiso decir que no se hubieran hecho otras antes (tal como reconoce en su crítica) sino que era la primera vez que el cine de miedo abandonaba la representación de la realidad y traía a la pantalla un ambiente de fantasía en el que aquellos horrores inimaginables de repente cobraban vida. Este alejamiento de la realidad, presente no tanto en el argumento sino en la forma en que este es presentado, es lo más significativo de una obra que terminaría siendo, junto con El golem (1920), Nosferatu (1921) y Metrópolis (1927), una de las más imporantes cintas del cine fantástico durante la época muda. Al igual que estas tres, también tendría una influencia enorme en el cine mainstream americano al trasladar gran parte de su estética, temas y estilo al Hollywood de entonces.

Precisamente por este motivo, por esa influencia que incluso hoy en día se mantiene, sigue siendo una película que se siente muy actual, y que sigue siendo muy atractiva gracias a un argumento que se reconoce hoy fácilmente, la historia de una serie de crímenes ocurridos en una ciudad alemana y que de alguna manera están relacionados con el siniestro mago Caligari y su criatura Cesare, un misterioso hombre que ha permanecido dormido durante toda su vida y que por lo visto tiene la facultad de predecir el futuro. Esta historia está llena de momentos que reconoceremos porque han sido imitados constantemente por muchas obras durante las siguientes décadas, siendo el más reconocible de todos la imagen del "monstruo" (Cesare en su forma de sonambulista) escapando por la ciudad con la chica en apuros al hombro.

De todas formas, aquello por lo que es conocida esta película no es el argumento sino la estética, una escenografía de ángulos imposibles, formas puntiagudas y sombras pintadas directamente sobre el escenario. Todos estos elementos de artificio son importantes porque precisamente esa ambientación de evidente decorado habría sido normalmente considerada una limitación al no ser capaz de reflejar de forma fidedigna la realidad; el público que asiste a ver El gabinete del doctor Caligari sabe perfectamente que está ante una ilusión, y es capaz sin embargo de dejarse tragar por ella y aceptar que está viviendo una fantasía en la que el horror se presenta bajo la forma de un truco de magia. Esta representación fantástica, alejada por completo de la búsqueda de realismo que buscaba la mayor parte del cine de entoces (incluso el fantástico) es el verdadero aporte de esta cinta y el motivo por el que se convirtió en una obra fundacional cuya estética ha sido imitada en tantas ocasiones.

Aparte de todas estas ideas, la película fue un gran éxito con la crítica de su época y llevaría a varios de sus responsables a tener una importante carrera al otro lado del Atlántico, sobre todo a Conrad Veidt, a cuyo rol de Cesare le siguió su actuación en El hombre que ríe (1928). Hay muchas historias y leyendas acerca de su paso por la cartelera y la recepción que tuvo con el público, pero ya desde entonces se sentía como algo nuevo que desafiaba las ideas preconcebidas acerca de lo que el cine debía ser. Es por eso que el marco narrativo de su argumento y (sobre todo) la revelación final destruyen un tanto el efecto al intentar justificar de forma racional esa estética y estilo que ha mostrado durante todo el metraje. Pero aun así, es también otro recurso poco habitual para entonces y otra prueba de que esta era una cinta mucho más compleja que la mayoría de sus contemporáneos más conocidos.

viernes, abril 21, 2017

Reseña: El hombre invisible (1933)

Ya para cerrar esta trilogía de reseñas dedicadas a James Whale, llega el turno de hablar un poco de El hombre invisible (1933), otra de las más famosas películas del ciclo de monstruos clásicos de los estudios Universal, imitada y parodiada en un vasto número de obras a lo largo de varias décadas, y también una que va abandonando un poco los preceptos del horror, al menos de una forma más directa y frontal. La cinta, como ya sabéis, está basada en la novela homónima de H.G. Wells y, a diferencia de lo que ocurre con otros clásicos como Drácula (1931) o Frankenstein (1931), es mucho más cercana al original literario de lo que cabría esperar en una producción de este tipo. 

La historia es la misma e incluso comienza de forma idéntica a la novela: un científico que ha descubierto un suero que le hace invisible y que ahora busca desesperadamente la forma de volver a la normalidad mientras su mente poco a poco va degenerándose en sueños de megalomanía producto de su condición, y que deberá ser detenido cuando aproveche su capacidad de pasar desapercibido para cometer toda clase de crímenes. De hecho si esta película se clasifica dentro del género de terror es únicamente por el énfasis que Whale hace en el carácter maligno e imparable del hombre invisible, y por la prácticamente ausente trama de ciencia-ficción que constituía uno de los aspectos principales de la novela de Wells. Esto quiere decir que nunca recibimos más que una muy escueta explicación de cómo ha alcanzado el protagonista su condición, y la que se da es casi mágica, sin ese intento de racionalizar los hechos fantásticos por los que Wells se haría tan famoso. 

Una de las cosas más interesantes de esta película, y una que sólo he podido apreciar con el tiempo y la comparación con otras de su mismo ciclo, es que tiene un tono completamente distinto y en cierta medida mucho más siniestro que otros trabajos de Universal de entonces: utilizando la premisa de la invisibilidad, Whale agrega algunos toques de comedia interrumpidos en seco por los arranques de violencia asesina del villano, convirtiendo así lo que debería haber sido un efecto hasta cierto punto risible en una experiencia que debió haber resultado un tanto incómoda para el público de entonces. Esto es apreciable sobre todo con algo de perspectiva: hasta el día de hoy la mayoría de los trabajos que han abordado este argumento lo han hecho desde la comedia, con la notable excepción de la fallida El hombre sin sombra (2000), con la que Paul Verhoeven intentó devolverle al hombre invisible su carácter perturbador que ya mostraba aquí. De hecho el único aspecto en el que la censura se deja asomar en la película de Whale es que el guión intenta de alguna manera justificar las acciones del hombre invisible mediante la idea de que el suero de invisibilidad ha afectado su mente y convertido en un psicópata. Esta idea, ausente en la novela original, suaviza un tanto la maldad inherente del personaje y lo convierte al menos parcialmente en una figura trágica.

Todas estas cosas acerca de su temática y argumento nos pueden hacer olvidar, sin embargo, que esta fue una producción muy modesta completamente alejada de las obras de horror gótico que Universal estaba sacando en aquel entonces, y que si finalmente se ve elevada y legitimada es por la dirección de Whale, lo ingenioso de sus efectos especiales y, sobre todo, la espectacular actuación de Claude Rains, un actor muy versátil y admirado en su momento que aparecería también en El hombre lobo (1941) y que tendría una larga carrera en trabajos de mucha mayor envergadura. Rains, el arquetipo perfecto de villano culto y de acento británico, está absolutamente genial en esta película y la suya es la actuación más memorable a pesar de que está principalmente realizada a través de la voz y no vemos su cara sino por unos segundos en el plano final. Sólo por su trabajo ya vale la pena y es una lástima que no volviera para las secuelas, que también caerán por aquí.